El estruendo de la silenciosa agonía ourensana

Publicado: 01 oct 2025 - 04:55
Carta al director
Carta al director

El sol fatigado comienza a ocultarse con el rostro sonrojado tras las tejas arcillosas de las octogenarias construcciones de granito que sobreviven orgullosas a los devenires del progreso carnívoro de nuestro “casco antiguo”. Las angostas rúas de manto adoquinado y galerías acristaladas se hacen eco de las miserias de la muchedumbre que ajena al derecho al descanso de sus vecinos atora sus arterias colapsando de información personal y privada que fruto de la desvergüenza que provoca el alcohol y los psicotrópicos se airea sin pudor ni temor al ridículo de unas fachadas que multiplican en forma de eco tales desvergüenzas para mayor crispación de la ciudadanía que sobrevive al burdel prostituido en el que se convierten los cascos antiguos de las ciudades.

La noche avanza imparable y el chivato del despertador amenaza con sobre saltarnos cuando las voces de los congregantes de la procesión del santo botellón recitan sus saetas que provocan que parte de los mortales seamos testigos desde nuestros balcones de forja floral de una romería de flagelamientos entre los adictos a la religión del viernes santo perpetuo y el domingo de resurrección si Dios quiere.

La desvergüenza aumenta a medida que avanza la noche y en proporción a la desesperación de quienes frustrados por la ausencia de autoridad nos mordemos la lengua por no bajar al averno a pedir clemencia sin tener que arder en sus llamas.

Cuando el sol de verano amaga con iluminar a los que ya faltos de fe se debaten entre la retirada a gatas entre vómitos e insultos o el fallecimiento postrero agarrado al santo Grial del tubo de cubata comienzan a escucharse al fondo y aproximándose las comparsas de los vehículos de limpieza y sus sopladores atronadores que terminan por arruinar los sueños de descanso de un casco antiguo asqueado de ser la casa de putas de una sociedad abanderada al despilfarro, los bacanales, las orgías y el escándalo.

Es curioso y llama poderosamente la atención que hasta la Santa Madre Iglesia se una a este despropósito y cuando se alcanza el clímax del silencio en un casco antiguo malamente llamado “vinos” y los cuerpos exhaustos de sus moradores se rinden al sopor de la fatiga, las campanas de la Catedral les recuerde que una noche más se van a quedar sin el sagrado derecho al sueño.

Hoy manifestación, mañana Halloween, pasado carnavales, fiestas múltiples, reuniones variadas, carreras múltiples, obras, más obras y más obras... y los días pasan y la máxima de los regidores parece ser la de la antigua Roma: “Dalles pan e viño e que lle dean polo cu ó veciño”.

Óscar Castillo Fernández

(Ourense)

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