La Región
Annus Horribilis
El espíritu del ser humano, su alma, habita en lo más recóndito de toda persona. Es etéreo e inaccesible; una frontera abstracta que defendemos con uñas y dientes, que abrimos a quien nos place, pero nunca en su totalidad.
Nos pertenece, es algo personal e intransferible: nuestro yo. Habitamos en todo tipo de viviendas que comparten un nexo llamado seguridad y privacidad; para lograrlo, necesitan de fronteras físicas y electrónicas ya que ansiamos sentirnos inmunes a todo lo que provenga del exterior. Los colegios de nuestros hijos, son un coto cerrado a visitas inesperadas, no queremos sorpresas y no accede cualquiera; disponen de una frontera.
Los cuerpos policiales que patrullan por nuestras calles y las Fuerzas Armadas, actúan como fronteras móviles que protegen y sirven a la sociedad. Vivimos rodeados de fronteras pero utilizamos eufemismos para referirnos a ellas.
Las fronteras de los países deben ser defendidas con el mismo ardor, entusiasmo y convicción; son nuestra custodia. Protegen la casa común, no deben ser holladas.
Francisco Javier Sáenz Martínez
(Lasarte)
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