La Región
Violencia de género, denuncia, formación y comprensión
La grandeza de los imperios que una vez dominaron el mundo -como por ejemplo el romano o el mongol- nada tiene que ver con las decisiones que hoy se toman al dictado de una base de datos, mediante algoritmos automatizados e incrustados en circuitos electrónicos sin alma. Vivimos en una época que ya estudia la informática cuántica, casi como si buscase en la superposición de partículas la fórmula para habitar, a la vez, la grandiosidad de los imperios del pasado y la miseria de este presente materialista, criminal y de postureo que hoy está en boga.
Imaginen por un momento que César Augusto o Gengis Kan mantuvieran un encuentro cuántico con Donald Trump, Xi Jinping o Vladímir Putin. El humo que echarían los medios de comunicación y las redes sociales, sumado a las querellas que se presentarían en los juzgados de guardia para mediatizar el conflicto ante el algoritmo —ese nuevo oráculo de los dioses—, sería monumental. Me río yo de las tensiones geopolíticas del siglo XXI; la verdadera batalla no sería por el territorio, sino por ver quién consigue más interacciones en una pantalla sin alma.
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte (Albacete)
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