La Región
Justicia y equidad
CARTAS AL DIRECTOR
El accidente ferroviario de Adamuz del pasado 18 de enero, unido al colapso crónico de Rodalies y al reciente choque en Gélida, ha sido un punto de inflexión que desnuda años de desinversión y parches en la red ferroviaria. No hablamos solo de retrasos y molestias, sino de un sistema que ha dejado de ser fiable para personas y empresas.
El acceso ferroviario al puerto de Barcelona se ha visto reducido a mínimos, con la capacidad hacia el norte prácticamente anulada y una operativa muy limitada hacia el sur, lo que obliga a desviar buena parte de las mercancías a la carretera, justo cuando esa “alternativa” también está exhausta. El déficit de mantenimiento, los baches en los carriles por donde circulan camiones y autobuses, y la falta de conductores profesionales están llevando el sistema al límite. El resultado es una tormenta perfecta: trenes inseguros o parados, carreteras saturadas y un coste creciente para la economía.
En este contexto, la huelga de maquinistas no puede despacharse como una simple molestia corporativa, sino también como un síntoma de que quienes están a los mandos perciben que la seguridad y las condiciones de trabajo se han tensado demasiado.
Si no queremos que Adamuz sea solo la antesala de la próxima tragedia, hace falta un giro político: menos inauguraciones y más mantenimiento, menos anuncios y más gestión coordinada de ferrocarril y carreteras. Seguir aplazando esta decisión se paga en vidas, competitividad y cohesión territorial. Esa es, hoy, la situación de nuestras infraestructuras.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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