La Región
Soliloquio luctuoso
Cómo nos habla la mirada sin articular palabra. No necesita de interlocutores ni traductores, porque la mirada sale como un asteroide que atraviesa el espacio, arramblando cualquiera de las fuerzas físicas que se interponen en su camino, llegando a impactar o desaparecer. Las miradas de los niños y de las personas ancianas nos llegan directamente al corazón en estado puro, emocionándonos o simplemente intimidándonos.
Las miradas restantes, con algunas carencias de sinceridad, necesitan de alguna que otra palabra, para llegar a conseguir su propósito, ya sea amistoso o espurio.
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