Latente gratitud hacia un pueblo

CARTAS AL DIRECTOR

Publicado: 21 ene 2026 - 01:10
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región
“El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien” — Francisco Quevedo

Arrastro mis andares escorados hacia cierto lado de la cadera, por la carga de los años. Años con sobrecarga de tantos recuerdos acumulados. Decido dejar de caminar, para encontrar entre la carga aquellas vivencias en infancia hondureña, cuando comencé a dar mis pasos y abandonar, por fin, los interminables gateos por suelo rústico gallego.

Huían mis padres con mi hermana y yo de la pertinaz hambruna que asolaba a España de los años cuarenta del pasado siglo. Reclamados por carta del tío Abelardo. Destino la República de Honduras, país en la cintura geográfica de Centroamérica. Un país climatológicamente caluroso, como el calor afectuoso de sus gentes. Nos recibieron con abrazos abiertos, como llegaron a despedirnos con hondos pesares al retornar a España en 1956. La mayoría del pueblo de La Lima acudió a despedirnos al aeropuerto de San Pedro Sula, capital del municipio.

Vienen a mi memoria los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en el año 1954: la llamada “huelga bananera” a la que dedicó un poema Nelson E. Merren (1931-2007), autor hondureño de la llamada “Generación del 50”: “En la costa norte, donde el sol quema/ y el banano verde se vuelve oro,/ la huelga estalla como una llamarada,/y el pueblo unido grita su clamor./ ¡Basta de abusos! ¡Basta de explotación!/ ¡Basta de miseria! ¡Basta de dolor!/ Los trabajadores, con firme decisión,/ exigen justicia y un mejor porvenir!”

Fueron 69 días desde el 01 de mayo 1954 de huelga laboral contra la Tela Railroad Company, subsidiaria de la United Fruit Company, y otra también subsudaria Standard Frut Company. Nunca había tenido lugar tan numerosa protesta obrera en aquel país regido por una dictadura militar. Los huelguistas acompañados de sus familias, que acampaban en La Lima, les empezaron a escasear los alimentos. Mis padres regían una tienda de ultramarinos. Decidieron llevarles gratuitamente una camioneta repleta de insumos, mayormente paquetes de leche para los niños acampados. Tuvo conocimiento del hecho el Coronel Guayo Galeano, comandante de plaza. Mandó llamar a mi padre. Le acusaba de fomentar una huelga ilegal. Y que de volver a ayudar a los huelguistas sería junto a su familia expulsado del país. Mi padre alegó que su gesto fue humanitario. Le dolía saber que niños inocentes sufriesen hambre, y él la había padecido en su propia tierra. Aquel gesto humanitario caló hondo en aquel pueblo.

Poco dimos para lo mucho que de ellos recibimos… “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltase esa gota” (Teresa de Calcuta).

Abelardo Lorenzo (Ourense)

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