Una ley obsoleta

Hace algunos años tuve un accidente a consecuencias del cual no puedo firmar. Según la Ley, una persona adulta y con cociente intelectual normal, si no puede firmar no puede comprar ni vender nada por sí sola que necesite escritura pública.

Andrés Hinarejos

Publicado: 14 oct 2008 - 13:30 Actualizado: 10 feb 2014 - 23:39

Ha de presentar dos testigos que garanticen que la persona en cuestión es ella. Ni notario, ni nada de nada puede testificar que la huella dactilar es suya (solamente dos testigos). Aquí viene el dilema: en el siglo veintiuno a un individuo que tenga un accidente o por cualquier otro motivo no pueda firmar le queda coartada la libertad de comprar un piso, hacer unos poderes notariales sin posibilidad de que su intimidad se vea vulnerada. Aquí la Ley atenta contra una minoría, está anticuada y entristece a la persona afectada ¡tanto! Los responsables deberían revisarla inmediatamente, pues no es de recibo que una Ley que te ha de proteger sirva para humillarte. El notario ha de poder (él solito) testificar que la huella es de la persona que la plasma, como hace con cualquier hijo de vecino, cuando garantiza que aquella firma es de quien la rubrica, sin necesidad de tener que echar mano de dos amigos, dos vecinos Anímicamente me siento bochornosamente ultrajado cuando he de efectuar cualquier supuesto que requiera ‘dos personas que me avalen como persona’. Exijo poder ser como los demás a la hora de escriturar cualquier propiedad, no quiero verme como una marioneta manejada por manos ajenas. Dudo que en cualquier país desarrollado degraden de tal manera a los ciudadanos en plenas facultades.

Según el Colegio de Notarios esta Ley es de hace ciento cincuenta años y ellos no pueden modificarla, mientras tanto los que no podemos firmar hemos de sentirnos como un desecho social. Cada vez que decidimos gestionar algo nuestro. Como si no nos perteneciera.

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