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Aunque la táctica es vieja, largar velas a ver cómo sopla el viento y si arrecia arriarlas deprisa argumentando que ha sido un malentendido, no cabe duda de que Escrivá y Calviño son dos mentes liberales infiltradas en un Gobierno de progreso. La señora Calviño atesora incontables perlas contra la subida del SMI y la derogación de la reforma laboral, a la que se une Escrivá con la jubilación a los 75 años. ¿Por qué no a los 120? Se ahorrarían las pensiones.
Sean serios: ¿Es progreso retrasar la jubilación? Si cada vez hay más robots suprimiendo puestos de trabajo y se amplía la edad de jubilación, ¿cuántos jóvenes accederán a un mercado laboral cada vez más reducido?
Hay temas que, al ser del todo ajenos a un gobierno progresista, no necesitan de “globos sonda”. Además, esta forma de sondear la opinión es costosísima al causar alarma y expandirse con rapidez: ruido, desgaste y subidón de la derecha.
España es una Estado Social que solo tiene un problema de escasa recaudación, y nada más.
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