La Región
Gracias, votantes de Jácome, por vuestra gracia
Una vez me dijo en una entrevista. "Toda persona debería de cambiar de profesión una vez en la vida". Con esta frase, Angelines Quintela dejaba ver cual era su actitud ante la vida, de mujer abierta, emprendedora, activa, con capacidad de riesgo. En plena posguerra se hizo maestra porque era una profesión con futuro en aquel momento, pero no quería enterrarse en una escuela de aldea y se hizo perito mercantil. Después aprobó unas oposiciones que la llevaron a trabajar como secretaria particular de dos gobernadores civiles, un cargo con mucho poderío y presencia social. Pero Angelines no se paró ahí. Se casó con un Suárez de Allariz, tuvo un hijo y montó una academia en la que el sonido de 100 máquinas de escribir resonaba en la calle del Progreso. Después fue presidenta de las mujeres empresarias, la primera, y vicepresidenta de la CEO. Esa variada experiencia vital la llevó a reafirmarse en su opinión de que todo el mundo debería de cambiar de profesión al menos una vez en la vida.
Angelines era además una disfrutona que gozaba viajando y charlando con las muchas amigas que tenía, entre ellas la modista Ruby, cuya ropa vestía casi siempre. Fue una mujer importante para Ourense, en cierto modo una pionera en esto de abrir caminos, suave y firmemente. Querida Angelines: teníamos pendiente un viaje al pie de un volcán en erupción que nunca llegamos a hacer, pero cada vez que vea en la televisión uno vomitando fuego me acordaré de ti. Seguro.
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