La Región
Crónica de una represión
Vivimos en una parte del planeta donde las libertades individuales están garantizadas por el Estado de derecho. Cada persona puede pensar, vestir o escribir como desee. Sin embargo, hay un fenómeno que choca con esa libertad: el poder de las redes sociales.
En esta nueva herramienta, parte de la sociedad se ve seducida por los llamados influenciadores. Los hay de todo tipo: desde quienes cuestionan la protección solar hasta quienes animan a niñas demasiado jóvenes al cuidado de la piel con productos que no están pensados para ellas. También se extiende la obsesión por aparentar menos edad, un reclamo que atrapa a muchas personas.
Son las modas del presente siglo, que buscan mercados cautivos en distintos ámbitos de la vida humana. Lo que rara vez se percibe en muchos de estos influenciadores es la ética o la responsabilidad. Su objetivo es vender, seducir e influir a cualquier precio, a menudo sin el control suficiente. En esta barra libre social, la imagen se convierte en el principal reclamo, aunque sea a costa del bienestar de quien la consume. Muchas personas realizan verdaderos sacrificios sin lograr los efectos prometidos, atrapadas en un mercado de apariencia superficial. Son los “intelectuales” de este siglo, muy distintos de aquellos que, con escritos y debates, pretendían elevar el pensamiento humano.
Siglo tecnológico, siglo de influenciadores, en el que los más hábiles encuentran negocio en un mundo globalizado.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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