Números mágicos

Publicado: 27 oct 2019 - 00:56

Es muy difícil, por cierto nada fácil, mantener la cabeza fría al intentar hacer un análisis valiente y no personal relativo al talismán de los números que cada uno interpreta a su manera.

Como jugador habitual de los juegos de lotería primitiva y afines, -igual que las cifras de los candados o seguridad personal, en todos ellos están mis fechas de nacimiento, -día, mes y año repartidos y alterados- así como otros que me caen mejor.

Heredé de mi padre, a su muerte, un decimo de una Asociación Fallera de Valencia, concretamente de San José, que jugué varios años. No recuerdo cobrar ningún premio. Y dejé de abonarme. A mi padre le había dado unas pedreas.

Hace unos meses he dejado los números sagrados que tenía para todos los sorteos de bonoloto y derivados, -desde su creación eran- encargándole a la cajera que me los diera ya hechos, al azar vamos, y en esos dos meses y medio solo cobré unas devoluciones cuando antes solía tener tres aciertos –de cuatro solo hacía tres o cuatro al año; unos pocos ciento y pocos de euros, si llegaban- por eso el otro día en la administración una señora, recién viuda, comprobaba los décimos de su marido, -me hizo gracia que le dijera; estos son los de él y hazme otros igual, semana a semana, que voy a seguir con sus mismos números- que le reportaron unas escasas devoluciones.

Recuerdo ahora a dos vecinos, ya fallecidos, con los que coincidía en la administración y que dándole vueltas a la cabeza, siempre me decían más o menos; que a ver si ésta… que se estaba haciendo remolona… que por uno o dos números… que por costumbre o por vicio… o no vaya a ser que esta semana sea y como ya estoy quemado no la eche y la culpa sea mía.

Otro amigo tengo, que al verme por la calle, sobre todo cuando hay bote, negando con la cabeza me diga; que nada, que no hay forma ni manera, pero que él sigue. Un amigo tuve que semanalmente cubría su quiniela de futbol, años sesenta y muchos, pero no la echaba y al cabo de un tiempo ya largo un día comprobó que tenía los catorce, cuando solo eran catorce, y por varios millones. No le pesó nada, pero dejó de cubrirla, eso sí.

Yo ni me quejo ni me arrepiento de seguir jugando, pero menos, ahora ya solo espero al lunes para comprobar, -negativamente, por cierto- todos los boletos de la semana en el comprobador automático. Alguna vez me ha servido de consuelo tener los seis números repartidos en dos columnas y otra vez tener un décimo con un número por debajo del gordo, aquel infausto año en que el anterior y el posterior no tenían premio. Fue lo más cerca que nunca he estado de alcanzar algo de provecho o ruina. No se lo puedo decir.

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