La Región
Los políticos no son todos iguales
La primavera asoma ya en el calendario, pero en Sas, el pasado fin de semana, aún hacía frío. Subí las escaleras y entré en casa. Mientras encendía la cocina de leña, la radio daba la noticia: el alcalde de Coles anunciaba su jubilación y renunciaba a la alcaldía. “Hay que dejar paso a aire fresco”, decía con una serenidad poco habitual en la política.
Y razón no le faltaba -aunque casi ninguno se atreve-, pensé, mientras observaba por la ventana cómo la niebla matutina retrocedía, rendida ante los primeros rayos del sol y permitía distinguir tres ayuntamientos, quizá también necesitados de ese mismo soplo de “aire fresco”. La verdad es que la noticia no me sorprendió. Para quienes, como nuestro alcalde, son alérgicos a la vanidad, la jubilación se convierte en una salida discreta, casi elegante: la oportunidad perfecta para hacerse a un lado después de una vida de servicio y compromiso con los vecinos. En un tiempo en el que tantos se aferran al poder como si en ello les fuera el aliento, él ha preferido permitir que la primavera llegue también a la política. No todos los políticos son iguales.
Comenzaba a notar el calor de la cocina mezclado con los primeros rayos del sol de marzo cuando sonó el timbre y se abrió la puerta del patio. Era la vecina, que salía a dar su paseo antes de comer, cada día con algo más de dificultad.
-¿Has leído en el periódico lo que ha dicho el alcalde? -preguntó con gesto incrédulo-. Una decisión que nadie entiende. Algunos tendrían que dimitir, y no él, con todo lo que ha hecho y sigue haciendo por el Ayuntamiento.
Y de pronto llegó otra, y otro… y cuando me quise dar cuenta, estábamos casi todos: mis vecinos, muy orgulloso de mi gente. Y allí, entre comentarios, recuerdos y opiniones, comenzó a dibujarse la dimensión real de una decisión que, lejos de ser comprendida de inmediato, estaba cargada de significado. Todos teníamos en la memoria aquel 2007. Un momento complicado, con una importante deuda municipal y la necesidad urgente de tomar decisiones difíciles. Fue entonces cuando comenzó una etapa que, con el tiempo, acabaría marcando un antes y un después en la vida del municipio.
Los primeros años fueron duros. Pero es precisamente en los momentos de crisis cuando se evidencian las distintas formas de entender la gestión pública. Mientras unos limitaban la capacidad de actuación de los ayuntamientos, otros apostaban por la inversión, el empleo y el futuro. En el caso de Coles, aquellas inversiones iniciales permitieron, por ejemplo, la construcción de un auditorio, germen de una escuela de música y, con el tiempo, de una banda municipal que hoy forma parte de la identidad cultural del municipio. Cada inversión, cada servicio, cada proyecto, habla por sí mismo.
Dimitir con mayoría absoluta no es un hecho habitual en la política actual y, precisamente por eso, adquiere un valor especial. Un gesto que, además, deja el camino preparado para otro hito histórico en el municipio: la posible elección, por primera vez, de una mujer como alcaldesa, avanzando así en igualdad y rompiendo barreras que durante años han limitado la presencia femenina en los máximos niveles de responsabilidad institucional. Las personas pasan, pero los proyectos quedan.
A partir de ahora, cuando se hable de la historia de Coles, será imposible no detenerse en estos años. No solo por lo que se ha hecho, sino por cómo se ha hecho y por la forma de marcharse. Porque hay decisiones que marcan un final, pero solo las grandes trayectorias consiguen marcar también el futuro. Frente a quienes repiten que todos los políticos son iguales, Coles tiene hoy una certeza distinta: no es verdad.
José Antonio Corral Álvarez (Coles)
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