Recordando a Almudena Grandes

Publicado: 30 nov 2022 - 22:16

Luego alcancé a comprender que el tiempo nunca se gana, y que nunca se pierde, que la vida se gasta, simplemente”

(Almudena Grandes, “Malena es nombre de tango”).

Se cumple un año del óbito de Almudena Grandes, a quien dediqué en tal fecha un texto, que decidió no tener interés alguno para su publicación por la redacción del periódico, habiéndole dedicado el mismo un obituario en la página de sociedad. Lo hago nuevamente, por mi admiración hacia tan notable escritora, autora de “Episodios de una guerra interminable”.

Inolvidables episodios, que reivindican la memoria de aquellos vencidos en una guerra civil segadora de tantas vidas humanas. Fue para mí un feliz hallazgo. Un hallazgo sorpresivo, por cuanto, aquella autora de una novela erótica, “Las edades de Lulú”, de 1989, llevase a sus páginas las venturas y desventuras de unos personajes, ahítos de humanidad, comprometidos con sus ideales: “Con el tiempo comprendí que la alegría era un arma superior al odio, las sonrisas más sutiles, más feroces que los gestos de rabia y desaliento” (“Las tres bodas de Manolita”). Sentí una fuerte atracción en la lectura de los distintos episodios de una guerra interminable. “Inés y la alegría” (2010), me abrió apetito voraz para continuar leyendo la saga. Seguirían “El lector de Julio Verne” (2012), “Las tres bodas de Manolita” (2014), “Los pacientes del doctor García” (2017). Novelas que me han apasionado. Puede que ello se deba a aquellas manifestaciones de la propia autora: “Cuando un libro nos gusta, nos apasiona, siempre nos cuenta nuestra propia vida”. La que anhelaríamos, cuando las circunstancias nos son adversas.

Episodios novelados que sacuden nuestra memoria de un pasado, que se niega a ser olvidado, por mucha tierra arrojada sobre fosas ignotas, lacerantes. Almudena, en un artículo publicado en El País, afirmaba: “A veces pienso que el mayor delito del franquismo ha sido eso, secuestrar la memoria de un país entero, desgajarlo del tiempo, impedir que tu, que eres mi nieta, la hija de mí hijo, puedas creer como cierta mi propia historia”.

Almudena Grandes es, ante todo, nombre de novela. Deja dentro de tal género literario un hueco difícil de llenar en nuestro panorama cultural. No le ha ganado más tiempo a la vida, ésta la ha desgastado hasta exhalar su último suspiro. Nos deja con sus obras un gran legado para quienes amamos la lectura. Almudena se ha ido de Madrid al cielo, un año ha. Ese cielo del que pregonaba: “En los domingos de invierno en los que el cielo más bello del mundo elige amanecer en Madrid”. A la orfandad lectora arribo, y al latir mi corazoncito colchonero, como era el suyo, desde el antiguo Stadium Metropolitano en el barrio de Cuatro Caminos.

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