La Región
A revolotear, que el patio arde
Escuchas las redes sociales: revuelta a tope. Miras a la calle: más de lo mismo. El cansancio y el hartazgo han llegado, aunque nadie sepa cuánto durarán. Una parte de la sociedad ya no aguanta la situación actual.
Se culpa a los inmigrantes, a la carestía de la vivienda, a los bajos salarios y a un nivel de vida que parece inalcanzable para muchos. El descontento es el denominador común. Las manifestaciones, lejos de ser siempre pacíficas, muestran dureza contra todo lo que simboliza privilegios y alto nivel de vida. Los sindicatos convocan huelgas; la política responde con consignas.
Pero hay una pregunta que nadie formula, ni en la calle ni en las redes: ¿alguien está pidiendo una educación de futuro? Su ausencia lo explica casi todo. Mientras unos y otros manipulan el malestar para obtener réditos, nadie se atreve a abordar la causa estructural del problema.
En cierta medida, asistimos a escenas del pasado: revueltas alimentadas por la miseria y la falta de oportunidades, sin un proyecto que las transforme. Sin empleos cualificados, sin formación adecuada y sin una educación que prepare para los cambios que ya están aquí, el mantra político seguirá su erre que erre. Porque el problema real de cualquier país no es solo quién gobierna: es que nadie quiere resolver la educación.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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