La Región
Justicia y equidad
¿Cuántas veces hemos oído eso de que nuestros Impuestos se destinan a sanidad, educación y carreteras? O que no debes quejarte de que España sea el 17º país a nivel mundial con mayor presión fiscal (porcentaje del PIB destinado por los ciudadanos a pagar impuestos). O que sin esquilmar un enorme porcentaje de los ingresos personales y empresariales nos moveríamos en caballo por caminos polvorientos sin asfaltar, la gente se moriría sin asistencia sanitaria o no se podría enseñar a las nuevas generaciones en los centros escolares.
Mentiras y más mentiras. Sólo hace falta echar un vistazo a la distribución del gasto presupuestario para darse cuenta de que nos engañan como a almas cándidas.
En 2023, los últimos presupuestos aprobados y prorrogados, las cantidades destinadas -en millones de euros- a Sanidad (5.505), Educación (5.338) e Infraestructuras (12.578) sumaron 23.421 millones, es decir, un ínfimo 4,9% de los más de 480.000 millones de gasto público. 5 de cada 100 euros recaudados, no vayamos a reventar.
Solamente los intereses de la gigantesca Deuda Pública se llevan más que todos los compañeros anteriores, la friolera de 31.275 millones. Por supuesto la mayor parte de la tarta se la llevan las Pensiones -190.000, cerca de la mitad- una auténtica estafa piramidal porque el dinero con el que se paga a los que salen del sistema (perceptores de pensiones) se obtiene única y exclusivamente del que aportan los que entran (cotizantes). Pero esto no es suficiente y se lleva recurriendo varios años a la deuda pública para financiar el déficit de la Seguridad Social, con el riesgo que ello supone.
De todo esto cabe deducir que solamente destinando el doble en sanidad, educación e infraestructuras debería producirse una mejora brutal en esos ámbitos. Pero para invertir más en un aspecto tendríamos que reducir el gasto improductivo en otras partidas -ni lo sueñen, la casta política nunca opta por la motosierra- o aumentar los ingresos vía tributos (la vía fácil, ordeñar al particular y a las empresas). Puede sonar demagógico pero las cifras, aunque aburridas, no mienten.
Y es que una buena parte del dinero restante se “invierte” en subvenciones a chiringuitos y otros estómagos agradecidos, como forma de seguir perpetuando las redes clientelares y el voto cautivo, con el único objetivo de que nuestros destacados políticos sigan viviendo a cuerpo de rey a nuestra costa.
Así que la próxima vez que les griten insolidario o cualquier adjetivo acabado en “ista” por ejercer el derecho a pataleo por el mal uso de los recursos hagan como Fernán Gómez con aquel admirador, mándenlos a… freír espárragos.
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