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El Malecón no es un juguete
En contra de lo que se pueda creer, ni la seducción ni el atractivo son patrimonio de la juventud. Más bien al contrario, es en la madurez cuando estos dos conceptos adquieren su verdadera dimensión. Me atrevería a decir que, incluso en la vejez se pueden manifestar en todo su esplendor.
Ahora que nos encontramos en la época de las estadísticas, cuando se habla de esperanza de vida, y me refiero en concreto a la vida activa, habría que hablar también de la seducción y del atractivo activo. Ambos valores o se tienen o no se tienen, y se mueren con la persona.
Conozco muchos casos de personas atractivas y seductoras, algunas cerca de los setenta, como mi prima Cristina. Pero no es un caso aislado. Seguro que muchos de los que lean esta carta se sentirán identificados, otros se lo cuestionen, y a algunos les suena a música celestial.
Yo, que soy optimista por naturaleza y me encuentro en la antesala de los ochenta, no pierdo la esperanza de seguir seduciendo, de dejarme seducir, de atraer o de sentirme atraído por quien me corresponda, y si no es así viviré siempre con esta ilusión. Con la ilusión de seguir seduciendo o atrayendo hasta que la muerte nos separe, a mi y a la eterna seducción.
La vejez joven, esa es la cuestión.
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