La Región
Si no votan como queremos, que no voten
En 2016, unos mapas mostraron algo incómodo: si solo votaban los hombres, Trump ganaba por amplio margen; si solo votaban las mujeres, Clinton arrasaba. La reacción de algunos no fue preguntarse por qué su candidato repelía a las mujeres, sino sugerir que las mujeres no deberían votar. Nació entonces #RepealThe19th, un eslogan para derogar la enmienda que desde 1920 garantiza el sufragio femenino.
Una década después, esa provocación electoral se ha convertido en proyecto político. En marzo de 2026, el pastor nacionalista Dale Partridge publicó “19 razones para derogar la 19.ª Enmienda”, un libro que acusa a la participación política de las mujeres de haber perjudicado a Estados Unidos y llama a construir un movimiento para revertir ese derecho.
Lo que empezó como un “hashtag” ahora tiene portavoces estables, argumentos religiosos y conexiones con círculos próximos al poder. No es una broma de tuiteros, sino un intento de normalizar la exclusión de la mitad de la ciudadanía.
Detrás de esta propuesta late una lógica peligrosa: cuando un grupo no vota como tú quieres, en lugar de persuadirlo, se le niega el derecho a decidir. Si eso prospera, el siguiente paso será preguntar quién más “sobra” en el censo.
La democracia no se mide sólo por quién gana, sino por quién puede votar. Defender el sufragio femenino no es una causa del pasado; es la primera línea de defensa de un sistema que, si cede aquí, puede empezar a desmoronarse por cualquier otro lado. La otrora defensora de la libertad del ser humano está retornando a peligrosas normas que recuerdan pasados esclavistas.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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