Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Otra vez se vuelve a hablar del Festival del Miño
Europa, cuna de revoluciones industriales y avances científicos que cambiaron el mundo, parece hoy adormecida, atrapada en la nostalgia de su pasado. Mientras celebramos viejas glorias, la realidad es que la mayoría de nuestras empresas dependen de infraestructuras tecnológicas estadounidenses para funcionar. Nubes, sistemas operativos, plataformas de datos… todo ello bajo control de gigantes que no hablan con acento europeo.
Por el otro flanco, China acelera su ofensiva: trenes de carga cada vez más veloces cruzarán Eurasia en tiempos impensables hace apenas una década, llevando productos más baratos y competitivos que erosionarán todavía más la industria local. Dos superpotencias con estrategias claras tienen a Europa como mercado objetivo… y nosotros, en el viejo continente, seguimos sin una respuesta coordinada ni ambición común.
La independencia económica no se proclama, se construye. O Europa despierta de su letargo y apuesta por su propia soberanía tecnológica y productiva, o nos resignaremos a ser meros consumidores en un tablero donde otros deciden las reglas.
Señora presidenta de la Comisión Europea: no se preocupe, todavía nos queda el consuelo de ser un precioso museo al aire libre.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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