Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Otra vez se vuelve a hablar del Festival del Miño
“El sueño, en sí, no es más que sombra”
(“Hamlet”, William Shakespeare).
Siendo adolescente tuve un sueño, al igual que le ocurría a Martín Luther King en Estados Unidos, en el que en mi país no existía la segregación social por razón del color de piel, etnia, credo, de extranjeros huyendo del hambre, la guerra, y que buscaban una vida digna en nuestro suelo. Sustentaba a aquel sueño a que yo mismo procedía de una familia de emigrantes, que huían de la hambruna que asolaba a España en la década de los cuarenta del pasado siglo. En el país centroamericano de acogida, nunca jamás nos sentimos discriminados. Más aún, cuando regresamos a España, recibimos una emotiva y multitudinaria despedida.
Años más tarde, tuve que volver a regresar a otro país americano huyendo no del hambre, si no de la sed de libertad, secuestrada por la dictadura franquista. Tras aquel extrañamiento en suelo mexicano, volví a la tierra de mis orígenes. Creía que aquel sueño de igualdad entre todos los que habitábamos este país comenzaba a tener visos de realidad cuando se declaraba constitucionalmente a España como un “Estado social y democrático de derecho”, que consagra la igualdad entre españoles (Art. 14), y que el Tribunal Constitucional incluye a todos los residentes inmigrantes en España (Sentencia 107/1984 de 23 noviembre). No ha sido así. Hoy, aquel sueño no es más que una amenazante sombra, que se alimenta de un chauvinismo trasnochado y excluyente, que determinada formación política llama eufemísticamente de “prioridad nacional”. Un lema que solamente viene a definirse como una segregación social de quienes no siendo españoles por nacimiento o por naturalización que no tengan prioridad en acceder a servicios públicos, aunque sean perentorios.
España ha sido un crisol de distintas culturas y razas llegadas de otros confines geográficos
Es una negación antropológica de nuestra propia historia. España ha sido un crisol de distintas culturas y razas llegadas de otros confines geográficos. Heredamos sus apellidos, sus vocablos, su toponimia. No podemos hablar de una pureza de raza hispana o europea. “Europa no debería tener tanto miedo de la inmigración: todas las grandes culturas surgieron a partir de formas de mestizaje” (Günter Grass). Hablar los unos de “prioridad nacional” o de “arraigo” los otros es marear la perdiz. Es una cuestión de segregacionismo puro y duro, del que muchos de tales predicadores se sirven de mano de obra barata del inmigrante, quien al mismo tiempo al regularizar su situación podrá aportar con su salario a que se puedan sostener esos servicios públicos que nos hemos dado.
¡Que se aleje el sueño de cualquier sombra!... Hamlet no es más que un personaje de ficción.
Abelardo Lorenzo
(Ourense)
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