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El teletrabajo, impulsado por la digitalización, se ha consolidado como un fenómeno con implicaciones en diversos contextos, incluyendo el rural. En la España vaciada, el teletrabajo se percibe como una oportunidad para revitalizar los pueblos, atrayendo a profesionales en busca de mejor calidad de vida en la naturaleza y lejos del estrés urbano.
El teletrabajo en el campo tiene sus propios problemas. Necesitamos buen internet, lugares adecuados para trabajar y evitar que la gente se sienta sola. Para solucionarlo, podemos crear espacios para trabajar juntos, e incluso para vivir y trabajar en el mismo sitio ayudando a quienes quieran teletrabajar en zonas rurales. Estas ideas nos acercan a un futuro donde trabajar desde cualquier lugar sea más fácil y sostenible. En definitiva, el teletrabajo es una herramienta con potencial de transformar el rural aunque todo dependerá de nuestra capacidad en aprovechar las ventajas y minimizar los inconvenientes. En un contexto general las opiniones también muy diversas.
Algunos ven en esta evolución la posibilidad de mejorar la flexibilidad y la productividad, mientras que otros temen por la estabilidad y la calidad del empleo generando oportunidades como desafíos a nivel global, incluyendo España.
La declaración de Lord Stuart Rose, que atribuye al trabajo remoto un declive en la productividad y un retroceso de 20 años en el bienestar del Reino Unido, ha provocado ya un intenso debate.
Esta perspectiva, criticada por quienes defienden el teletrabajo como promotor del equilibrio entre vida laboral y personal y facilitador del acceso al empleo, tiene cierto fundamento. Diversos estudios muestran que la productividad puede verse afectada negativamente. Sin embargo, también se sugieren que el teletrabajo puede aumentar la productividad en ciertos casos; lo que hace que sea distinto para cada persona.
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