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CARTAS AL DIRECTOR
La reciente noticia de la Unicef y la Gavi, la Alianza de Vacunas -respaldada por Naciones Unidas- trae motivos reales de esperanza: el acuerdo para reducir el precio de la vacuna contra la malaria permitirá proteger a siete millones más de niños hacia 2030. Esta importante medida demuestra que con compromiso internacional, innovación financiera y voluntad política es posible acercar soluciones de salud a quienes más lo necesitan. Una dosis de la vacuna significa no solo prevenir una de las enfermedades más mortíferas de la infancia, sino también salvar miles de vidas y ofrecer un futuro más seguro a comunidades enteras.
Este acuerdo también recuerda que la solidaridad global y los mecanismos de cooperación funcionan cuando se prioriza la salud pública sobre intereses económicos. Los países más vulnerables podrán integrar la vacuna en sus programas nacionales de inmunización, un paso clave hacia la equidad sanitaria y la protección de la infancia.
Pero, más allá de la malaria, surge una pregunta inquietante: ¿cuál es la vacuna que salve a la infancia de la violencia a la que cientos de millones de niños están sujetos? Mientras celebramos avances médicos como este, no podemos olvidar que millones de menores siguen expuestos al abuso, el conflicto y la marginación educativa. La verdadera protección de la infancia requiere tanto ciencia como justicia, prevención y compromiso global.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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