Viaje Rulfiano a Comala

CARTAS AL DIRECTOR

Publicado: 17 ene 2026 - 04:10
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región
“Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo” — Juan Rulfo, “Pedro Páramo”

El pasado día siete de este mes se cumplieron cuarenta años del fallecimiento de Juan Rulfo, escritor mexicano, extraordinario pionero del llamado “realismo mágico”, del que bebieron toda la pléyade de escritores hispanoamericanos creadores del boom literario de los años sesenta: Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, entre otros. El término realismo mágico lo acuñó el escritor, político y diplomático venezolano Arturo Uslar Pietri en su obra “Letras y hombres de Venezuela” (1945): “Lo que vino a predominar en el cuento y a marcar su huella de una manera perdurable fue la consideración del hombre como misterio en medio de datos realistas, una adivinación poética de la realidad o una negación poética de la realdad. Lo que a falta de otra palabra podrá llamarse un realismo mágico”.

En la obra de Rulfo encontramos una fusión de lo real con lo mágico, la fantasía como algo natural, un sustrato histórico, mitológico, supersticioso del sincretismo religioso del mexicano, en medio de una atmosfera enigmática, para lo que crea un novedoso lenguaje. Su personaje Juan Preciado busca en Comala a su padre Pedro Páramo. No le encuentra, sino que voces de muertos. ¿O son sueños los que hablan? La lectura te atrapa hasta que mismo hayas soñado con Comala, adormecida por la muerte sobrevenida por los murmullos…”Aunque ya traía retrasado el miedo. Se me venía juntando hasta que ya no pude soportarlo” (Juan Preciado). Rulfo ampliaría su obra con un conjunto de cuentos breves, como breve fue “Pedro Páramo”,en “El llano en llamas”,

Vaya mi homenaje como lector del mejor relato que he leído con las palabras de García Márquez: “El conocimiento de la obra de Juan Rulfo me dio el camino que buscaba para mis propios libros. Siempre vuelvo a releerlo completo y siempre vuelvo a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez. No son más de trescientas páginas, pero son casi y creo que tan perdurables como las que conocemos de Sófocles. Así es mi adoración por Rulfo”.

La lectura de obras de esta pléyade de literatos citados, a la que añadiría a Carlos Fuentes, me hizo reconciliarme con los pasados días de mi penoso y amargo extrañamiento en México.

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