La Región
¿Y la finca pa’ cuando?
Tras la publicación de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE: el paro general baja al 10% por primera vez en 17 años, pero el desempleo juvenil (16-24 años) se mantiene en torno al 23,5%. Nada que extrañar: los jóvenes entran en un mundo laboral hiperconectado y digitalizado, mientras el sistema educativo y las políticas públicas los condenan a otro mundo obsoleto. ¿Son culpables ellos o la clase política que los margina?
Trabajar hoy exige competencias digitales, orientación profesional y contratos dignos, pero un tercio de los menores de 25 años está sobrecualificado para puestos precarios, atrapados en temporalidad y baja remuneración. Sí hay planes de digitalización (como el europeo 2021-2027 o la reforma de FP), pero su ejecución es caótica: faltan infraestructuras en aulas desfavorecidas, profesores sin formación adecuada y acceso desigual a herramientas tecnológicas.
La obsesión por prohibir móviles en el aula -sin enseñar a usarlos como aliados- es síntoma de un sistema caduco que prioriza el control sobre la innovación. Mientras, la clase política guarda el problema juvenil en el cajón: retrasa objetivos europeos de inserción, invierte poco en políticas activas y perpetúa el desajuste formación-empleo.
Si el futuro depende de jóvenes preparados para liderar, lo tenemos crudo mientras la clase dirigente mire para otro lado. Cuando se descubrió América, se la denominó el Nuevo Mundo. Ahora lo replicamos con la situación de los jóvenes, en espera de que en algún momento se unan en uno solo.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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