Xi legitima a Kim
La reciente visita de Xi Jinping a Pyongyang no debería leerse como una simple anécdota diplomática, sino como un síntoma inquietante de la deriva geopolítica actual. Mientras el régimen de Kim Jong-un sigue consolidando su poder interno a costa de la libertad de su población, Pekín parece dispuesto a rehabilitarlo como actor legítimo en la escena internacional.
No se trata solo de cooperación entre vecinos ni de equilibrar influencias en Asia oriental. Estamos ante una estrategia que normaliza a una dictadura cerrada, militarizada y opaca, en un momento en que el mundo necesita precisamente lo contrario: firmeza frente a la proliferación nuclear, defensa de los derechos humanos y exigencia de transparencia.
Resulta preocupante que la estabilidad regional se invoque como coartada para blanquear a un régimen que amenaza a sus vecinos y convierte el aislamiento en instrumento de control. Si la diplomacia deja de exigir responsabilidades, corre el riesgo de convertirse en mero cálculo de poder.
La comunidad internacional no puede aceptar que la “realpolitik” se imponga sin límites sobre los principios básicos de convivencia. Reforzar vínculos con Corea del Norte puede servir a intereses inmediatos, pero debilita a largo plazo el orden internacional y alimenta la impunidad.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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