La Región
Lapsus
Yemen lleva más de una década en guerra, pero los hutíes han dejado de ser un actor local para convertirse en una pieza clave del ajedrez regional. Con drones, misiles y el control del estrecho de Bab al Mandeb, este grupo ha demostrado que no necesita vencer militarmente fuera de sus fronteras para condicionar a potencias como Arabia Saudí, Estados Unidos o la Unión Europea.
La clave es la disrupción: interrumpir el comercio marítimo, disparar los precios del petróleo y forzar a la comunidad internacional a negociar. Aunque sufran represalias, los hutíes han convertido su capacidad de daño en influencia. No son un Estado, pero ejercen funciones de gobierno; no son una gran potencia, pero amenazan objetivos a cientos de kilómetros; mantienen lazos con Irán, pero no se reducen a ser un mero proxy.
Europa, dependiente del petróleo y el gas, observa con preocupación cómo un grupo armado puede estrangular el comercio global y llevar el conflicto a infraestructuras civiles clave, como aeropuertos y refinerías
Esta guerra sin fin tiene muchos intereses: el control de rutas energéticas, la lucha por la hegemonía regional entre suníes y chiíes, y el negocio de la venta de armas. Mientras, la población yemení paga el precio más alto: hambre, desplazamiento y destrucción. La escalada reciente lo ilustra con crudeza: en septiembre de 2026, los hutíes reivindicaron un ataque con drones y misiles contra “sitios sensibles” en Riad, horas después de que se vieran llamas y una densa columna de humo cerca del aeropuerto internacional King Khalid, lo que provocó interrupciones de vuelos y alertas en la capital saudí. Antes, en julio de 2026, ya habían apuntado contra el aeropuerto de Abha, en el suroeste saudí, rompiendo años de calma relativa y encendiendo los temores de un retorno a la guerra abierta.
Europa, dependiente del petróleo y el gas, observa con preocupación cómo un grupo armado puede estrangular el comercio global y llevar el conflicto a infraestructuras civiles clave, como aeropuertos y refinerías. La solución no pasa por más bombas, sino por diplomacia, presión sobre los actores regionales y un compromiso real con la paz. De lo contrario, Yemen seguirá siendo el laboratorio de una guerra que ya no conoce fronteras.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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