Jornadas de hasta once horas, entre pulgas y moho en el club Descanso de Coles

EN FASE DE INSTRUCCIÓN

Las testigos protegidas del Descanso, narran lo sufrido en el club de Coles. Sus testimonios detallan cómo ejercían la prostitución en jornadas maratonianas entre moho, ratas, pulgas y techos caídos

Exteriores del El Descanso en el que se muestra el logotipo del club,
Exteriores del El Descanso en el que se muestra el logotipo del club, | MIGUEL ÁNGEL

La instrucción por la causa derivada de la redada el pasado mes de marzo en el club El Descanso, ubicado en Coles, vivió la pasada semana un momento clave con la declaración de las ocho testigos protegidas, quienes manifestaron temor por su vida, según las fuentes consultadas por este periódico.

Aunque entre ellas también había algunas mujeres de España, la mayoría de las víctimas fueron captadas en Brasil: responden al perfil de mujeres jóvenes y muy vulnerables en su país de origen. Allí, según sus testimonios, opera una red de captación con epicentro en el municipio de Goiânia.

El relato ofrecido por las víctimas oriundas del citado país detalla una ruta internacional a través de tres países hasta llegar al prostíbulo. Salieron del aeropuerto de São Paulo con destino a Portugal y desde el país luso fueron trasladadas a Ourense. El billete, indicaron, lo tenían que pagar ellas y quien no podía costearlo se lo adelantaba la presunta red, contrayendo de este modo una deuda.

La relevancia de Brasil en la trama queda patente incluso en el nombre de la investigación, dirigida por la Brigada de Extranjería de la Policía Nacional de Ourense. Los agentes bautizaron la operación como “Calamardo Amatista” en clara alusión al país sudamericano, reconocido como el mayor productor mundial de esta gema violeta.

Una vez en Ourense, explicaron las testigos protegidas, eran empadronadas en las viviendas de las personas que controlaban El Descanso. Algunas sí que contaron que sabían que venían a trabajar en un club mientras otras no sabían lo que les esperaba.

Condiciones sufridas

Las víctimas se vieron abocadas, según su relato, a jornadas maratonianas. Explicaron que trabajaban desde las seis de la tarde hasta las tres de la mañana entre semana mientras en fines de semana y festivos el horario se alargaba hasta las cinco de la mañana con un día a la semana de descanso.

El servicio, detallaron, costaba a los clientes 60 euros por media hora mientras por una hora el precio era de 120 euros, quedándose la madame con entre 10 y 15 euros. Además, trabajaban incluso teniendo el periodo.

Al ingreso del servicio se sumaba el 50% de cada copa que se consumía, las cuales tenían un precio de 30 euros. Según sus estimaciones, los ingresos mensuales que lograban se situaban entre los 3.000 y 4.000 euros, remitiendo una partede estas ganancias a sus familiares.

Las víctimas relataron unas condiciones higiénicas lamentables: sin agua caliente ni calefacción ni atención médica. Además, señalaron que había mucha suciedad -presencia de moho- y que por el club pululaban ratas y pulgas. La madame muchas ocasiones era quien les hacía la comida y las mujeres no pagaban por ellas. Sin embargo, las condiciones en la cocina también eran deplorables, ya que tenía los techos caídos.

No las retenían a través de la violencia física, sino mediante presiones psicológicas. Relataron que podían salir a comprar o a cualquier otra actividad, aunque se quedaba una de ellas siempre dentro porque no tenían llaves. Si ellas se querían ir, podían hacerlo, pero las intentaban coaccionar para que se quedasen diciéndoles que dónde iban a estar mejor que en el club si no tenían papeles. En este sentido, apuntaron a que en el club había mucha rotación de chicas.

Venta de drogas

Las testigos contaron que en el club también se vendía droga, aunque siempre la misma sustancia: cocaína. De hecho, especificaron que había clientes que no acudían buscando sus servicios, sino que solo querían comprar dosis.

Ellas no tenían la obligación de participar en esa venta y tampoco les exigían que consumiesen, aunque sí que se lo recomendaban porque así les iba a resultar más fácil hacer el trabajo.

La Brigada de Extranjería de la Comisaría de Ourense realizó la redada en el club El Descanso a comienzos del mes de marzo. Precisamente, entre el material incautado había diversas dosis de sustancias estupefacientes y útiles para su pesaje. Los agentes también requisaron diversa documentación. De hecho atribuyen al presunto grupo criminal el empleo de forma reiterada de ciudadanos extranjeros que carecían de permisos de trabajo.

En la redada, detuvieron a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. Una de ellas, continúa en prisión, donde ingresó tras pasar a disposición judicial. Se trata de María S.L., la encargada del prostíbulo. La causa, seguida en la Sección de Violencia sobre la Mujer del Tribunal de Instancia de Ourense, se dirige contra ellos por un delito de prostitución de persona mayor de edad, aunque a lo largo de la causa podría cambiar o añadirse otros.

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