La Región
Abuelos con fragancia de jazmín
El acuerdo nuclear impulsado por Donald Trump con Arabia Saudí no debería leerse solo como una operación energética o comercial, sino como un movimiento más en el tablero de ajedrez de Oriente Medio. En una región donde cada pieza se mueve con cálculo y cada concesión tiene un coste estratégico, la entrada saudí en el ámbito nuclear introduce una nueva complejidad.
Aunque Arabia Saudí e Israel no mantienen relaciones diplomáticas plenas, ambos comparten un mismo horizonte de inquietud: la contención de Irán y la búsqueda de garantías de seguridad por parte de Estados Unidos. En ese contexto, el acercamiento entre Riad y Washington puede interpretarse como una jugada destinada a reforzar posiciones, pero también como un paso que puede alterar el equilibrio regional.
Europa no debería mirar esta partida desde la grada
El problema es que, en ajedrez, no todos los movimientos estabilizan la partida. Algunos abren grietas, aceleran amenazas y obligan al resto de actores a responder. Si Arabia Saudí obtiene capacidad nuclear civil con supervisión limitada, el riesgo de proliferación crece y la frontera entre disuasión y escalada se vuelve más difusa.
Europa no debería mirar esta partida desde la grada. Lo que hoy parece una maniobra estratégica puede terminar debilitando aún más los mecanismos de no proliferación.
¿Qué harán Bruselas y el resto de capitales europeas? La misma pregunta es para Moscú y Beijing. Los tambores de guerra, resuenan con más fuerza.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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