Abandonad toda esperanza
TRIBUNA
A la puerta del infierno hay una inscripción que dice: "Abandonad toda esperanza quienes aquí entréis". Dante Alighieri se da de bruces con ella cuando decide meterse entre pecho y espalda el camino hacia el purgatorio y el cielo. Así consta en La Divina Comedia, el famoso poema del autor florentino. Siete siglos después, en la entrada al Concello de Ourense debería leerse: "Abandonad toda esperanza quienes aquí entréis de que vuestro empeño será útil y vuestro trabajo respetado". Lo que queda del aquelarre en el que Jácome convirtió la institución se reunió en pleno este viernes para poner de manifiesto, efectivamente, que los ourensaniños debemos perder más pronto que tarde toda esperanza de que la institución sirve para algo.
No era fácil dar peor imagen pero en el Concello se entrena a diario y los progresos son notables. Casquería a precio de solomillo, trajes de buen corte con olor a sobaco, intervenciones de taberna con el formato de una sesión de la Real Academia. De un lado a otro del salón de plenos volaban las descalificaciones, las amenazas, las sospechas. Las antiguas fidelidades, cinceladas sobre el mármol de la amistad y el compromiso público, saltaron por los aires entre acusaciones de cornudos. El alcalde, claro, feliz, porque ha acreditado siempre que ese es su sitio. Su papel es insignificante cuando se espera racionalidad en el debate, profundidad en las ideas. Se ennoblece cuando el agua en la que hay que bañarse es la que va camino de la depuradora. Desautorizó a quienes le cuestionaban, se situó con altivez por encima de sus obligaciones. Cuando la oposición le exigió claridad en las cuentas y el uso de dinero público se elevó, divino, y advirtió: "No tengo que enseñar nada para demostrar mi inocencia, es el colmo".
Era la primera vez que Jácome presidía un pleno después de la asonada de los suyos y, como precursor que es, estrenó el gobierno formado por uno de sus concejales y él mismo. Los 24 ediles restantes actuaron como oposición. Dejadme solo, pareció decir como un torero crecido que sortea las embestidas del toro. Dejadme solo, suelen decir también los apóstatas de la democracia, los que tontean con el totalitarismo. Solo se sigue quedando, sola y huérfana de raciocinio se queda la ciudad con esta gente ahí. Abandonad toda esperanza. Vamos camino al infierno.
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