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Los vecinos de Maceda amanecieron ayer con consternación. Nunca habían presenciado un acontecimiento tal en localidad, que todos ellos definen como un sitio tranquilo. Julia reside en el edificio más cercano al del tiroteo. Cuando ocurrieron los hechos, pensó que los disparos venían de la videoconsola de sus hijos. “Bajad el volumen”, les indicó. Ellos le dijeron que no estaban jugando. Fue entonces cuando se alarmó por lo sucedido. Su vecina le timbró y le dijo que habían disparado a alguien. Ella bajó a su perro y vio salir a David de su edificio: “Gritaba, buscaba la ayuda de Pepa, la mujer que es enfermera y tiene un bajo en la calle”, explica. “No se como pudo salir andando, sangraba mucho, estaba muy mal, desfigurado”, relata. La encargada del bajo le tapó las heridas mientras no llegaba la ambulancia para evitar que se desangrase y lo tapó con una manta para evitar el frío.
“Él gritaba sin parar que le habían ido a robar y que lo querían matar”, recuerda Julia. En este edificio tenía un amigo, “a veces veíamos al herido venir a visitarlo o pasear por aquí, parecía buena persona”, declara también.
En los bares de la localidad conocían a David, sobre todo la gente joven. Era cliente y amigo: “Una persona amable y tranquila”, recuerda Daniel.
Otra residente de Maceda apunta a que sus familiares la llamaron para saber si estaba bien, pese a que no tuvo nada que ver con lo sucedido. “Es normal porque nunca pasó nada aquí”, dijo.
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