Estudiantes de Franciscanas y voluntarios, las manos del compromiso tras los magostos de Montealegre
PROTECTORES DEL MEDIOAMBIENTE
El grupo de activismo medioambiental Ecovigilantes de Franciscanas de Ourense, compuesto por estudiantes de la ESO y voluntarios, realizó una limpieza de desechos sólidos acumulados en el Montealegre tras las celebraciones del magosto
Comienzan a escucharse los murmullos mientras se realiza el ascenso al Montealegre. Se observan varios círculos irregulares y negros, como signos de puntuación hechos a mano en el texto del paisaje en subida. Los rastros de la limpieza son evidentes. Manos entusiastas y comprometidas han peinado la zona. Aun así, parece quedar mucho por hacer.
“Vamos por una docena de bolsas llenas. Traemos una báscula para cuantificar la cantidad de basura. Cada año rondan los 200 kilos”
Gonzalo Sánchez permanece en torno a bolsas coloridas y baldes, está dando indicaciones a la escuadra de recolectoras, quienes intercambian palabras y objetos unos metros adelante. Por las manos de las chicas, pasan botellas de vidrio y plásticas, latas de cerveza. Incluso el esqueleto de un paraguas. Vienen andando del colegio plurilingüe Divina Pastora y aunque el trayecto de casi 5 kilómetros, sumado a lo escarpado del terreno, podría haber desanimado a cualquier otro, las chicas uniformadas con chalecos luminiscentes, enfrentadas a las plantas de espino que pueblan la elevación, se escurren entre la maleza para extraer los objetos abandonados allí, como si el terreno tuviera capacidad para absorber las figuras ajenas a la naturaleza del lugar.
“Hacemos esto cada miércoles en diferentes lugares de Ourense y llevamos casi dos décadas colaborando con la limpieza del magosto. Parece que aquí suben miles de personas. No dudamos que muchos retiren los residuos que generan. Pero como veis, hay otra gran cantidad de personas que dejan muchos desechos”, lamenta Sánchez con los brazos en jarra, señalando con la cabeza en derredor. María Bravo, la otra profesora acompañante, guía a las chicas para depositar en las bolsas y baldes lo recolectado desde nuestra llegada. “Estas chavalillas tienen un toque heroico” afirma Gonzalo con orgullo acerca de las alumnas que no parecen haber caminado en pendiente semejante distancia, para de inmediato ponerse a laborar en la recogida.
“Vamos por una docena de bolsas llenas. Traemos una báscula para cuantificar la cantidad de basura. Cada año rondan los 200 kilos”, apunta el profesor. Y la evidencia de lo contado es notable. El grupo hace una pausa para las fotografías. Las chicas sonríen. Todas desean hablar acerca de su trabajo. “Es importante cuidar el medioambiente”, coinciden tres de ellas.
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