Evelia Murcia, investigadora de la UVigo: "El cambio climático está intensificando la desigualdad de género"
RESULTADOS DE CLIMAGEN
La investigadora de la UVigo detalla los resultados de ClimaGen, un proyecto pionero que analiza cómo la crisis ambiental agrava las brechas sociales y de cuidados que ya sufren las mujeres
Evelia Murcia (Ourense, 1994), investigadora de la UVigo, repasa en esta entrevista los resultados del proyecto ClimaGen, que evidencia cómo el cambio climático intensifica las desigualdades de género existentes.
Pregunta. ¿Cómo surge el proyecto ClimaGen y por qué detectasteis la necesidad de relacionar el cambio climático con la desigualdad de género?
Respuesta. El proyecto surge al detectar carencias previas notables en estudios sobre el cambio climático. Tradicionalmente, la evidencia científica se ha centrado casi en exclusiva en analizar indicadores físicos, como temperaturas o emisiones, dejando de lado los indicadores de tipo social y, concretamente, el género. De ahí surge ClimaGen: de la urgencia de tener datos objetivos sobre el verdadero impacto del cambio climático en la desigualdad de género.
P. Háblanos del desarrollo de ClimaGen. ¿Qué metodología habéis seguido para medir algo tan complejo y en qué fase os encontráis?
R. Es un proyecto financiado por el Instituto de las Mujeres, en el que trabajamos equipos de las universidades de Sevilla, Barcelona y Vigo, en las que el trabajo de sociología y estudios ambientales ha sido clave. Ya estamos en la fase de cierre. El objetivo principal ha sido crear un índice vivo mediante una metodología pionera. Primero hicimos una revisión bibliográfica para identificar variables teóricas que interactúan entre clima y desigualdad, y las convertimos en indicadores cuantitativos con fuentes oficiales, validándolos después con expertas. El resultado es un índice con 58 indicadores autonómicos, desagregados a nivel provincial y municipal, divididos en nueve áreas: ambiental agraria, demografía y migraciones, economía, educación, empleabilidad, familia y cuidados, salud y violencia, tecnología, y vivienda y urbanismo.
P. De las nueve áreas evaluadas, ¿cuál dirías que es la que sale peor parada al cruzar todos los datos?
R. El papel central lo tiene el área de los cuidados. El mensaje fundamental que queremos transmitir a nivel global es que el cambio climático no crea nuevas desigualdades, sino que amplifica e intensifica las ya existentes. Como aquí aún estamos lejos de una igualdad efectiva, las mujeres soportamos una carga muchísimo mayor de trabajo de cuidados. Al ser los cuidados el eje que articula gran parte de la desigualdad, inevitablemente nosotras estamos más expuestas a los impactos climáticos.
R.
P. Además del género, imagino que habrá otros factores que agraven esta situación de vulnerabilidad frente al clima.
R. Totalmente, la interseccionalidad es fundamental aquí. Hay variables que se cruzan inevitablemente con el género, como la edad, la migración, la discapacidad o la pobreza. El impacto climático afecta de manera muchísimo más intensa a las mujeres mayores, con discapacidad o migrantes, porque ya parten per se de una situación previa de vulnerabilidad, pobreza y precariedad mucho peor.
R.
P. Al mapear España con esos 58 indicadores, ¿qué radiografía obtenéis de los territorios, concretamente en el entorno rural gallego?
R. La panorámica provincial nos muestra que las regiones del centro y sur de España son las más castigadas, pero hay excepciones notables. Junto con Sevilla, Ourense aparece como una de las provincias con peores resultados en el norte. Esto se explica por el ámbito del envejecimiento y los cuidados. Ourense está extremadamente envejecida y cuenta con una gran sobrepoblación de mujeres mayores de 80 años que viven solas. Si a esto le sumas que en el rural las mujeres se dedican en gran medida a la agricultura y la ganadería, el escenario es de mucho aislamiento, pérdida de población y una fuerte caída de los ingresos.
R.
P. Para entenderlo mejor, ¿podrías darnos ejemplos reales que os hayan transmitido las propias mujeres rurales sobre este impacto?
R. Tenemos testimonios muy impactantes de los grupos de discusión. Sobre la sobrecarga de cuidados, una mujer nos dijo: “Si hay agua para uno, será para el niño antes que para la madre”. En el ámbito agrario, nos explican que la falta de precipitaciones convierte los pastos en gasolina para los incendios. Afrontan sequías muy severas, nuevas plagas y el agotamiento del suelo. Esto golpea su modo de vida, provocando empobrecimiento y un riesgo de pérdida de soberanía alimentaria, obligando a depender casi por completo de recursos del exterior.
P. Aun con esta evidencia científica, siguen existiendo posturas negacionistas. ¿Qué les dirías a quienes dudan de esta realidad?
R. Les pediría que analicen un día de verano actual y lo comparen con cómo era hace quince años. Les invitaría a observar nuestros modos de producción, cómo ha cambiado el paisaje, la tropicalización del clima y cómo se desdibujan las estaciones. En nuestras vivencias, esto es algo muy real que afecta directamente a nuestras formas de subsistencia.
P. ¿Cuáles son los próximos pasos del proyecto de cara a aportar soluciones desde la gestión de las instituciones públicas?
R. El paso inmediato es transferir los resultados disponibilizando los mapas interactivos en una web a nivel estatal. Elaboraremos recomendaciones y predicciones a corto y largo plazo para el diseño de políticas. La principal exigencia es integrar obligatoriamente la perspectiva de género en toda respuesta política de mitigación climática. Tiene que ser un enfoque feminista, transversal, interdisciplinar y ecosocial que asegure que ninguna mujer se quede atrás.
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