La hostelería ourensana, molesta con las nuevas normas sanitarias

Lucha contra el coronavirus

Las medidas, que establecen diferentes horarios para bares y restaurantes, dividen al sector

Ambiente en las terrazas del centro ayer a la tarde. Los clientes aprovechan las últimas horas de luz (MIGUEL ÁNGEL).
Ambiente en las terrazas del centro ayer a la tarde. Los clientes aprovechan las últimas horas de luz (MIGUEL ÁNGEL).

Lasúltimas medidas tomadas por la Xunta en el objetivo de controlar los contagios de coronavirus, que alargan hasta las 23,00 horas el toque de queda y el cierre de los restaurantes pero mantienen a las 21,00 la hora límite para bares y cafeterías, han despertado las críticas de la hostelería ourensana. Pepe Pérez, a cargo de Fuentefría, conocido bar de tapas en el centro de la ciudad, defiende incluso que esta normativa “no tiene sentido. Esta es la decisión más absurda que han tomado desde que empezó la pandemia. No puede haber esta diferencia entre unos y otros. No es justo. Esto es completamente nefasto. Si a los bares nos exigen tener a la gente sentada, fuera de la barra, deberíamos ser iguales que los restaurantes… Pero lo que seguimos siendo es igual de pringados…”, lamenta.

Por otro lado, Rubén Gil, propietario del Tamarindo, considera que estas medidas, en lugar de minimizar los problemas, “van a crear más complicaciones”. Y es que se exigen tres requisitos para los locales que quieran permanecer abiertos hasta las 23,00 horas de la noche: contar con licencia de restaurante, funcionar con cita previa y registro de clientes y emplear un medidor de CO2. En este contexto, Gil se pregunta: “¿Cuántos locales tienen este medidor? Y yo ya lo tenía, pero otros locales emprenderán ahora esta inversión… para que luego en dos semanas cambien las medidas y ya no valga”, reflexiona. Sobre los horarios, “tendría más sentido que se ampliara para toda la hostelería, aunque fuera solo hasta las 10,30. Ahora (con la diferente situación de unos y otros) empezarán las triquiñuelas”, explica. El Tamarindo es cafetería-restaurante, así que podría abrir una parte del local hasta las 21,00 y otra hasta las 23,00, pero no le compensa económicamente atender solo una pequeña porción del establecimiento.

No obstante, Nacho Rodríguez, dueño del Trampitán, y pese a que en su caso no podrá ampliar el horario de atención, defiende que “lo veo justo, para que los restaurantes puedan recurrir también al segundo turno. Me alegro de que se les beneficie. Esperemos que, si sigue así la cosa, pronto cerremos a esa hora nosotros también”.

Y Javier Outomuro, a cargo de A Taberna y presidente de la Unión de Hosteleros de Ourense, concluye que estas medidas “no hay quien las entienda. Da la sensación de que las redactan a boleo, con criterios incoherentes. En las cafeterías, a partir de las nueve de la noche, ¿se contagia más? Quien toma estas decisiones, con todos los respetos, no sé si sabe lo que es el trabajo en la hostelería. Considero que el sentir general es el de que todo esto es muy aleatorio”, subraya. Y se pregunta si habrá dos o tres locales con licencia de restaurante en la zona de vinos de la ciudad de Ourense.

Los hoteles, críticos con el cierre perimetral: "Así no ganas un duro”

En los hoteles de la provincia, el descontento se generaliza ante el mantenimiento del cierre perimetral, justificado por la Xunta en base al incremento de la incidencia del covid en algunas comunidades españolas, a pesar de la buena situación epidemiológica de Galicia.

El responsable de Hoteles NH Esteban Iglesias, contando esta cadena con un espacio de ocio en la ciudad, reconoce sobre la apertura de la frontera gallega que “más que esperarla, la necesitamos”, ya que, explica el dirigente, “un establecimiento hotelero necesita de movilidad. Con las provincias cerradas, la posibilidad de facturar era prácticamente nula, y ya con la apertura de Galicia la situación mejoró al llegar algo de turismo interno. Pero el cliente gallego reserva una noche y se va. Su estancia media es muy breve. Además, ahora no tenemos ni 3 millones de posibles clientes, cuando podían ser 47”.

Además, el enfado es visible en el Hotel San Rosendo, desde donde Manuel Pérez califica las nuevas medidas como “muy desacertadas, muy malas. La gente no puede venir, y así no ganas ni un duro”. Defiende que, hasta que no abran la comunidad, establecimientos como el suyo no son viables. En cambio, compara, “la presidenta de Madrid (Díaz Ayuso) está a favor de los hoteles, de la economía, la gente”. No obstante, mantienen la esperanza y aguardan que la situación “afloje un poco” en las próximas semanas.

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