María Morales y Gabriel Pandares, Un año de hamburguesas al estilo caraqueño en Ourense, ¡a la carta!

LA NUEVA OURENSANÍA

Doce meses han pasado desde que María Morales y Gabriel Pandares abrieron Papelón, un restaurante de cocina venezolana en Ourense que por el momento cosecha éxitos, entre ourensanos de pura cepa y migrantes. “Casi diríamos que tenemos más clientes españoles que de allá”, confiesan a dúo. La fórmula, dedicación, calidad y trabajo.

Miriam Blanco
Publicado: 22 ene 2025 - 05:20 Actualizado: 23 ene 2025 - 15:30
NUEVA OURENSANÍA | María Morales y Gabriel Pradales

Tras un año de andadura con su propia cafetería, María Morales y Javier Pandares comparten en estas líneas cierto estrés propio de la vida del emprendedor, pero a la vez la calma que da la experiencia de un negocio que ya está rodado. Papelón se llama el lugar y no es un marrón pero la elección de su nombre contempló ese segundo significado. “En Venezuela es una bebida, panela con limón, allá se lo echamos a todo, hasta al pan de jamón, pero también nos gusta la connotación de la palabra a la española”, aclaran.

Novios desde niños emigraron aquí por una amiga venezolana que vivía en Ribadavia, va a hacer el próximo mayo seis años. “Por aquí caímos”, explica María. Viven los dos con sus hijos de nueve y quince años. “Recientemente llegó mi suegra porque con el bar necesitábamos ayuda”, comenta. Vecinos de la avenida de Portugal atesoran una longeva trayectoria “en el sector hostelero, gastronómico y de la panadería”, comenta también ella.

Hitos del negocio

“Hicimos el pan de la mejor hamburguesa de Galicia, que ganó dos veces con el bar que lo consiguió”, comenta. “Una con pan de boniato y la otra con pan de batata”, añade. “La idea que tenemos aquí es desarrollar panadería artesanal, de masas enriquecidas, y también bollería venezolana”, aclara. Barajan un concepto amplio que engloba lo de aquí, lo de allá, y siendo honestos, lo que proyectan es un justo éxito, resultado de puro esfuerzo y trabajo.

“Hacemos todo nosotros, postres, galletas, la comida…”, comenta. Antes de eso se dedicaron a lo que fue saliendo, “bares, cocinas, asistencia a domicilio, y todo lo que suelen hacer las personas emigrantes”, resume María.

Gabriel anda con unos operarios también de Venezuela arreglando temas del local, y entra y sale de la conversación cuando puede. Perder clientes tampoco es una opción, y con justa razón, los minutos del día apremian, y los negocios de este tipo no dan tregua.

Sobre el cambio de la vida

“Vivíamos céntricos, en Altagracia”, comenta sobre su vida pasada María, que allá se dedicaba a la banca. Gabriel era comerciante, con su propio negocio en Caracas. “Los dos estudiamos allí contaduría pública, lo que aquí es administración”, añade.

“Un apagón de luz en 2018 que duró tres días nos hizo tomar la decisión de mudarnos”, aclara María. Venían ya investigando desde 2013, en un fugaz viaje que hicieron a Madrid, y les quedó la semilla de la migración plantada.

“Los niños… sus altos y sus bajos, pero indudablemente tienen mejor calidad de vida de la que tenían allá”, comenta. “Van y vienen solos al colegio”, dice en positivo. Conversamos no obstante con María sobre ciertas situaciones de bullying que, por haches o por bes, a veces sufre la infancia. “Uno de nuestros hijos tiene necesidades educativas especiales”, comenta. No todos los centros educativos de la provincia, según María, se ocupan correctamente de estos casos. Es ella más benévola que la que escribe que no quiere señalar a nadie, pero pruebas hay en el ciberespacio de que muchos niños son acosados por otros por el hecho de ser neurodivergentes, pero también por ser migrantes.

Toma la palabra por fin Gabriel, que dejó al compañero de las ñapas a su albedrío. “Me enteré hace como dos años de que mi bisabuelo era de Leiro”, revela sorpresas que le trajo la vida, que provienen de un árbol genealógico desconocido. “Por parte de mi mamá”, explica. Algo así como un contacto perdido y recuperado generaciones después, una alegría.

“Bilbao, Madrid, Barcelona, recorrí varios sitios pero me decanté por Ourense, y gracias a Dios porque después vino la pandemia y esto es mucho más económico”, comenta. Llegó Gabriel de último a la conversación, pero fue el avezado explorador que puso primero el pie en España. “Un mes después vinimos los demás”, apunta María.

Tienen en papelón unas empanadas XL que beben del pabellón, plato venezolano con caraota, plátano frito y carne mechada en una masa de maíz sofrita. En las fechas navideñas las hacen también de guiso de hallaca. Platos ricos embutidos en masas exquisitas.

“Hamburguesas estilo caraqueño, como de los puestos de la calle” son el best seller del restaurante, que por lo visto llevan un crisol de salsas, por lo visto un rollo muy de la gran urbe. “Queremos llevar Papelón a otro nivel”, comentan sobre su presente. Empezaron con una web que se llama “Guarandinga bakery”, un término que suena la mar de chistoso, y que viene a ser como ‘o noso couso’ de toda la vida.

“A miña casa, a miña terra…”, comenta Gabriel, “currar”, apunta María. Un trío de palabras con las que en teoría identifican lo gallego, pero pareciera que están hablando de su propia experiencia.

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