Martiño Ramos Soto: fallido autorretrato de la impunidad

UN PERFIL PSICOLÓGICO

El exprofesor Martiño Soto utilizó sus conocimientos y habilidades sociales para moverse entre los círculos de la bohemia habanera. Su comportamiento despreocupado evidenció falta de culpa por el crimen cometido en Ourense.

Martiño durante una fiesta en la discoTECA La azotea de la india.
Martiño durante una fiesta en la discoTECA La azotea de la india. | La Región

Martín Soto baila con sultura en una azotea transformada en discoteca vintage de La Habana Vieja. Es 24 de octubre. Todavía falta un mes para el anuncio de su captura. Martín observa el compás de los movimientos de una chica. Sonríe. El rostro de perfil, tiene un matiz lobuno. Sobre su verdadero nombre, pesa una condena firme de 13 años por abuso sexual y una orden de búsqueda y captura pero ¿cual es el problema? no hay nada de que arrepentirse.

El psicólogo y perito judicial ourensano Roberto Gónzalez, acerca del comportamiento social de Martiño Ramos Soto, apunta: “No sentía ninguna culpa. La ausencia total de remordimiento, ocurre cuando se deshumaniza a la víctima. Piensas que estas por encima de todo y si tienes falta de empatía, pues no tienes que bloquear nada”.

“Comportarse de esa manera en Cuba, teniendo en cuenta en primer lugar, la afinidad ideológica y luego moverse por esos círculos mostrando un carácter feminista, comprometido con causas sociales, responden a la lógica de un cazador: conoce a su presa y se mimetiza entre ellas. Es lo que quiero y lo consigo”. — Roberto Gónzalez - Psicólogo y perito judicial

Entre el estupor por la naturaleza de su crimen y lo premeditado del escape, para quienes dieron seguimiento a la noticia de su paradero, sorprendió el modo de Martiño de publicitar su vida social en La Habana mediante posts en instagram, citas musicales y literarias. “Comportarse de esa manera en Cuba, teniendo en cuenta en primer lugar, la afinidad ideológica y luego moverse por esos círculos mostrando un carácter feminista, comprometido con causas sociales, responden a la lógica de un cazador: conoce a su presa y se mimetiza entre ellas. Es lo que quiero y lo consigo”; argumenta González.

Las noches de bohemia y de ilusión para Martiño, se extendieron mientras estaba oculto en uno de los pliegues de @lacurvadelaluz, como anunciaba su ahora eliminada cuenta de instagram. ¿Acaso Martiño pensaba que dejaría enceguecida a la verdad con el flash de sus fotografías? El encuadre de su objetivo se encontró, lo que en jerga fotográfíca es conocido como: explotado. Las luces intensas de cada toma, deslucieron los contrastes.

Martiño Ramos (al fondo) durante un evento cultural en octubre.
Martiño Ramos (al fondo) durante un evento cultural en octubre. | La Región

La libertad alcanzada por Martiño en Cuba, precedida de una fuga trasatlántica, tenía una silenciosa cuenta regresiva. Inspirarse en sí mismo y hacer un autorretrato de la impunidad, revelaron los matices oscuros de su personalidad, cuya naturaleza de predador dejaba apreciarse, unas veces como simple observador y en otras de forma visible, como en esa instantánea con gesto lobuno en una azotea, mientras observa bailar a una chica, durante una joven noche de la Habana Vieja.

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