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Reportaje
Olalla Silva tiene un hotel para perros en Allariz, el Airavella. Con ellos, un máximo de 15, pasa los días y los vigila desde su casa por las noches. “Es mi paraíso, siempre quise hacer esto”, dice.
Hace dos años le diagnosticaron un cáncer de mama. Silva trabajaba en otra pasión, el mundo de la moda, pero a raíz de su enfermedad quiso dar un cambio y empezar una nueva vida: “Con 38 años me operaron del cáncer. Por aquel entonces yo ya pasaba todo mi tiempo de ocio como voluntaria en las perreras. Con la enfermedad lo tuve claro, me iba al campo a realizar mi pasión”, explica.
“Me dijeron que estaba como una cabra, pero, tras un diagnóstico como el mío, te planteas qué hacer. Mi marido me dio todo el apoyo del mundo”, recuerda Olalla.
Para ella, su nuevo trabajo requiere un ambiente familiar. “No me hace falta promocionarme, me llega con el boca a boca entre mis clientes”, señala. Aunque la finca tiene capacidad para más animales, su objetivo es cuidarlos ella a todos, sin ayuda, “porque es una forma de vida, es mi casa y quiero vivir mi día a día lo más feliz que pueda”, dice.
Tiempo más tarde tuvo que volver a someterse a una operación, “lo cual me reafirmó que había hecho bien”, añade.
El hotel tiene cuatro habitaciones individuales y otras compartidas. Constan de un cubículo perfectamente amueblado, con camas a ras de suelo (mantas incluidas) y una mesilla de noche entre ambas. Incluida una planta decorativa.
Cada habitáculo tiene también un calefactor, que Olalla activa durante unos minutos en las noches más frías.
“Para mí el objetivo era montar algo donde yo también pudiese dormir. Siempre tuve perros y quiero que mi hotel sea un sitio al que yo llevaría a mis propias mascotas”, explica la propietaria.
Aunque este negocio sirve a los dueños de mascotas, que las dejan durmiendo en las instalaciones, Olalla quiere aportar una experiencia de campo: “No es lo mismo irte de casa rural que estar en un hotel de 400 habitaciones”, señala.
Para completar el recinto, hay un área recreativa con una pequeña piscina y un arenero. Las tumbonas también están presentes: “Supongo que mi dedicación anterior a la moda es lo que motiva que esto sea así”, indica.
No cualquiera es potencial cliente de este hotel, los canes que accedan no pueden ser agresivos y atacar a sus iguales. “Tienen que poder estar todos juntos y bien”, explica. Es una condición que particularmente pone. “Hay otras residencias en las que están todo el tiempo separados, esta está pensada para perros sociables”. Para conocerlos, y observar su comportamiento, los dueños deben llevarlos a Airavella unos días antes. Así, a modo entrevista de trabajo, Olalla y el perro se conocen y deciden si el hotel es un buen lugar para el animal.
“Me gusta que los dueños vean todo, dónde van a dormir y dónde van a estar”, indica. El precio de una noche ronda los 15 euros.
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