Lo que no se cuenta en el escenario

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Publicado: 05 abr 2026 - 08:40
Opinión en La Región
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Hace poco me invitaron a dar una charla en un foro empresarial. Nada extraordinario: un atril, un micrófono, treinta minutos y un público que esperaba escuchar la historia de éxito de una empresa gallega que cotiza en bolsa y crece a doble dígito. Preparé la presentación con los hitos habituales, pero al revisarlos la noche anterior, me di cuenta de que me aburría a mí mismo. Todo era cierto, pero nada era “la verdad”. Era la versión limpia, la que queda bien en un escenario, esa que se aplaude por cortesía y se olvida nada más salir.

Así que borré la mitad de las diapositivas, empecé de nuevo y decidí contar lo que nadie dice en público. Hablé de las noches en las que quise dejarlo todo, del año en que perdimos a nuestro mayor cliente y tuve que mirar a mi equipo sin saber si podríamos mantener todos los empleos y de la soledad en un avión destino México, jugándome el futuro de la empresa en una reunión de cuarenta minutos. Y conté también que muchas decisiones que hoy parecen brillantes fueron, en su momento, apuestas a ciegas que pudieron salir mal.

La reacción no fue el aplauso educado, sino un silencio profundo. Ese silencio que indica que has tocado algo real, algo que los demás reconocen porque lo han vivido, pero nunca han escuchado en voz alta. Llevo tiempo reflexionando sobre la comunicación profesional y estoy convencido de que hemos construido un ecosistema que premia la apariencia de perfección y castiga la vulnerabilidad. Las redes sociales se llenan de victorias y números al alza, creando un ruido de éxito impostado que aleja al emisor de su realidad y ofrece al receptor una referencia inalcanzable.

Se trata de la percepción que los demás tienen de ti cuando no estás delante, y se construye con coherencia, generosidad y la valentía de mostrarse humano en un entorno que parece exigir no serlo.

Desde que escribo esta columna y mi newsletter de forma regular, las conexiones más valiosas no han venido de analizar tendencias tecnológicas, sino de compartir una duda o un aprendizaje nacido de un fracaso. Al final, la gente no conecta con tu currículum, conecta con tu historia y esta solo funciona si tiene sombras además de luces.

Esto tiene implicaciones muy concretas para cualquier profesional o empresario que quiera crecer. Tu marca personal no es tu logo, ni tu bio de LinkedIn, ni los premios que cuelgas en la pared. Se trata de la percepción que los demás tienen de ti cuando no estás delante, y se construye con coherencia, generosidad y la valentía de mostrarse humano en un entorno que parece exigir no serlo.

Tengo un ejemplo cercano. Cuando Redegal empezó a cotizar en BME Growth, pasamos de ser una empresa privada a ser una empresa pública. Eso significaba, entre otras cosas, que nuestros números, nuestras decisiones y nuestros tropiezos iban a estar expuestos. Hubo quien me aconsejó ser más cauteloso con la comunicación, más corporativo, más contenido. Sin embargo, elegí lo contrario, que fue ser más transparente y personal y funcionó, porque los inversores, los clientes y los candidatos que se acercan a Redegal saben exactamente lo que van a encontrar. No hay sorpresas, y en un mundo lleno de humo, la honestidad es un diferencial competitivo.

También creo firmemente en la comunicación como acto de generosidad. Escribir esta columna cada domingo, publicar una newsletter, compartir reflexiones que van más allá del marketing de la empresa… no tiene un retorno inmediato medible. No puedo decirle a mi consejo de administración cuántos contratos genera una columna, pero sí puedo compartir que la suma de la constancia, la honestidad y la presencia constante en la conversación pública ha construido algo que ninguna campaña de publicidad podría comprar y es la confianza, la moneda más valiosa que existe.

Así que, mi invitación, especialmente a los empresarios más jóvenes que me leen, es sencilla: cuenten su historia. No la versión edulcorada, sino la que incluye las noches sin dormir, las decisiones erróneas y los momentos de querer tirar la toalla. Porque esa historia real e incómoda es la única con el poder de conectar con alguien que está al otro lado y necesita saber que no está solo en esto. Cuando construyes tu marca desde lo auténtico, lo que recibes no son simples aplausos, sino aliados para el camino.

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