La tortilla de patatas no era tan popular

A MESA Y MANTELES

Publicado: 05 abr 2026 - 08:10
La opinión de Xavier Castro.
La opinión de Xavier Castro. | La Región

En el medio rural gallego, el campesino no podía disfrutar de la mayor parte de los huevos que ponían sus propias gallinas, como tampoco de los jamones de sus cerdos. Certifican esto abundantes testimonios de observadores gallegos y de otras partes de España, como el médico de Villamantilla (provincia de Madrid), quien afirmaba, en 1917, que las aves de corral y los huevos eran alimentos reservados para algunas familias acomodadas.

Existía un viejo dicho que sostenía que la gallina era la “hucha del pobre”. Probablemente estaba pensando en que la mayor parte de los huevos y gallinas generados en explotaciones campesinas se dedicaban a la venta. Los huevos no los podía comer habitualmente la familia campesina. Se consideraban un “producto de cambio” o moneda en las ferias, donde las campesinas solían venderlos para comprar alimentos que no producían, como azúcar o aceite. Los paisanos disfrutaban únicamente de unas cuantas unidades, aunque, hacían todo lo posible para que no faltaran el día de la fiesta en que se preparaban dulces caseros.

En efecto, en los hogares populares, la tortilla se preparaba en contadas ocasiones, y sobre todo con abundancia de patata

En días ordinarios, cuando los paisanos se podían permitir tomarlos, los cocinaban más bien cocidos que fritos, o bien en tortilla de patatas, que en su expresión plena y cabal no era un plato popular, sino más bien un lujo del que disfrutar muy de vez en cuando. En efecto, en los hogares populares, la tortilla se preparaba en contadas ocasiones, y sobre todo con abundancia de patata, algo de cebolla (que si era preciso comprarla, no era barata: alcanzaba el mismo precio que el repollo y más que la patata) y un poco de huevo para ligar el conjunto.

En Ourovello (Paderne) cada hogar aldeano podía tener un promedio de ocho personas. Disponían por lo regular de docena y media de gallinas (un promedio frecuente en el medio rural gallego), que andaban sueltas y se les daba de comer con parquedad. No eran de raza y ponían poco. Los pollos, gallinas y huevos sobrantes se vendían. No era habitual que se comieran los huevos solos, pues eso era un lujo, según se apunta Rodríguez Cabanas: este señala que se tomaban en tortilla de patatas, pero que solo llevaba tres huevos (para ocho personas). El historiador Pegerto Saavedra, por su parte, considera que antes en las aldeas se comían menos huevos, y no le echaban tantos a las tortillas como se suele hacer en nuestros días.

Quienes especialmente gozaban de lo que las gallinas aportaban eran las clases privilegiadas, incluido el clero. En efecto, los huevos servían también, desde la Edad Media para pagar foros, realizar ofrendas a los difuntos (que recogía el cura de la parroquia, quien también los recibía por otros conceptos) y a las monjas de los monasterios y conventos, a quienes les venían muy bien para cultivar su lucrativa afición repostera, como hacían las Clarisas, en Santiago, a cuyo convento entregan las novias casaderas una docena para tener buen tiempo el día de la boda.

Todo el mundo conoce el dicho: “Cuando seas padre comerás huevos”. No por casualidad, la expresión popular alude al padre y no a la madre, puesto que distaba de ser evidente que ella gozara de una prerrogativa análoga. En los hogares populares, las féminas estaban discriminadas en el reparto de los alimentos, que era francamente desigual. Ellas solían no tener el mismo derecho que los hombres a comer la misma cantidad de alimento, ni a disfrutar en semejante medida, de los más estimados.

Las mujeres alimentaban las gallinas y recogían los huevos, pero la mayor partida de los que no se vendían iban a parar al estómago de los maridos: en el pueblo de Moaña, comer huevos no era cualquier cosa para una familia modesta; la mujer le hacía una tortilla de bolos (peixe miúdo) para el esposo, marinero de profesión. Ella tomaba luego lo que hubiera: caldo, por ejemplo. Poco se ha hablado de la generosidad de las mujeres.

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