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UNA VIDA DE COLECCIÓN VI
A principios de los años setenta del siglo XX el Museo Arqueológico Provincial dirigido por don Jesús Ferro Couselo acogía la importante donación que le hacían las señoras Pilar, María y Rosa Parada Carballo, cumpliendo el deseo de su hermano ya fallecido. Se trataba de la colección de más de 600 piezas que su hermano José había acumulado a lo largo de su vida.
La colección la formaban, entre otros objetos: dieciocho artísticos abanicos, monedas, cajas, palmatorias de plata, relojes de bolsillo, candelabros, bandejas, misales con lujosas y artísticas cubiertas, nueve escribanías de plata, jarrones, platos de Sargadelos, medallones conmemorativos, medallas religiosas, pilas de agua bendita en plata y esmaltadas del siglo XVIII, abrecartas, cristos, once iconos en plata, esmaltados y pintados, joyeros, estatuillas africanas en ébano y marfil, e incluso muebles.
Para Ferro Couselo se trataba de una importante donación “de carácter único”, destacando el valor de las pilas de agua bendita “que representan una industria y un arte ya desaparecidos”. En agradecimiento el Museo, dedicaría una sala a exponer la colección.
Don José, soltero y sin herederos directos, hacía su donación a la institución que en aquel momento contaba con el mayor prestigio social y cultural, por su actuación y por la altura intelectual de sus fundadores. En la actualidad, las piezas de esta colección, perfectamente catalogadas se conservan en cajas y ocultas al publico en ese almacén en el que se ha convertido el Museo Provincial gracias a unas obras vergonzosamente interminables.
Según Inés Freijanes, hija de su gran amigo el doctor Freijanes, don José Parada era un hombre bohemio, muy simpático, alegre, buen conversador, que amaba los viajes en barco por el Mediterráneo durante los cuales adquirió gran parte de la que seria su valiosa colección. Emparentado con los Malingre a través de su tía Manuela casada con Antonio Malingre, y con los Parada Justel de Esgos, don José se hizo militar en la Escuela Militar de Toledo, profesión que ejerció hasta que quedo inútil de un brazo en la nefasta guerra de África. El resto de su vida como mutilado de guerra, ejerció como supervisor de la Tabacalera en Orense, Coruña y Mallorca. Su trabajo y el capital heredado de la familia hicieron posible la adquisición de los valiosos objetos conservados hoy en el Museo Provincial resolviendo así la gran cuestión de todo coleccionista: qué hacer con su colección cuando él fallezca.
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