Evelio Traba
LOS LIBROS QUE LEO
Sobre los peligros de la excepcionalidad
LOS LIBROS QUE LEO
El próximo año cumplirá un siglo de haber sido publicado “Un niño prodigio” (Alfaguara, 2010) de Irène Némirovsky, la escritora de origen ucraniano que publicó toda su vasta obra en francés.
Se trata de un libro que cien años después sigue resonando en la memoria de miles de lectores gracias a su belleza y al núcleo duro de su mensaje central: vivimos en un tipo de sociedad dispuesta a espectacularizar lo excepcional para después arrinconarlo miserablemente: los fuegos artificiales, al descender, caen en la boca abierta de un bote de basura.
Alguien con un don fuera de lo común es, a un mismo tiempo, héroe y mendigo. Héroe mientras duran los aplausos, mendigo cuando la aplastante normalidad de la vida se impone. Es justo esto lo que ilustra Irène Némirovsky en el arco vital de Ismael Baruch, un niño judío que nace en la más atroz de las miserias en una ciudad portuaria del Mar Negro. Una especie de Homero en miniatura, una rapsoda con un talento innato para la improvisación poética de canciones inspiradas en los amores y tristezas de los más humildes.
La vida de Ismael cambia un buen día en que lo escucha en una taberna el poeta venido a menos Romano Nord, un hombre alcoholizado y presa de una gran frustración que decide presentar al jovencísimo fenómeno a quien solo es conocida en la novela por su apelativo: la princesa.
Es este el punto en que Ismael Baruch, tras el consentimiento remunerado de sus padres, se convierte en una especie de mico de salón, en un paje que solo existe para deslumbrar a nobles y poderosos. Baruch entra en una espiral de gran contradicción donde reniega de sus orígenes y a la vez mantiene a su familia con las migajas que recoge del suelo.
No obstante, la llegada de la adolescencia, con sus amagos de hombría, será lo que terminará corroyendo el genio improvisador para sustituirlo por una normalidad asfixiante. No os digo más para que entréis de lleno en este drama sobre las miserias de la inteligencia. Es un libro para leer y permanecer luego toda una tarde en silencio.
La belleza del lenguaje, la fuerza dramática de las escenas y toda la pólvora metafórica que hay detrás, convierten esta novela en una obra trascendental, no porque lo repitan una y otra vez centenares de papagayos recomendadores, sino porque íntimamente desengaña y transforma sin renunciar a la esperanza.
Ningún estudio teórico sobre el genio podría superar a este artefacto de sentido pleno de actualidad. Muchos de vosotros reconoceréis a muchos Ismael Baruch, esos “niños estrella” cuya obsolescencia estuvo programada desde el principio. Todo es mucho más frágil de lo que parece, y lo excepcional, lejos de estar blindado ante la adversidad, se encuentra peligrosamente expuesto.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Evelio Traba
LOS LIBROS QUE LEO
Sobre los peligros de la excepcionalidad
DÍA DAS LETRAS GALLEGAS
Begoña Caamaño, palabras para cambiar o mundo
Lo último