Jorge Carrillo: "En mi casa nunca tuvimos miedo, ni siquiera la noche del 23F"

PRÓXIMO INVITADO AL FORO LA REGIÓN

El hijo del histórico dirigente comunista Santiago Carrillo acude al Foro La Región para presentar su libro "Luchadoras"

Jorge Carrillo, protagonista del próximo Foro La Región.
Jorge Carrillo, protagonista del próximo Foro La Región.

Jorge Carrillo (París 1953), hijo de Santiago Carrillo, histórico secretario general del Partido Comunista de España, llega al Foro La Región para presentar su libro Luchadoras. En esta entrevista repasa el doloroso secreto de su abuela, el legado que ha dejado su padre y alerta sobre la polarización actual, justo antes de desclasificarse los archivos del 23F.

Pregunta. Su libro Luchadoras comienza y pivota sobre una revelación dolorosa: su abuela María fue víctima de una violación por parte de un cacique. ¿Por qué cree que decidió ella romper ese silencio tanto tiempo después?

Respuesta. Yo creo que mi abuela, en aquel momento, se estaba dando cuenta de que encaraba sus últimos días. Murió en vísperas de cumplir 102 años, en agosto de 2001, y quería que esa historia se conociera. Hasta entonces, los únicos que la sabían eran mis padres, porque en los años 60 ella ya le había contado la verdad a mi madre. Habla a su favor el hecho de que, habiendo vivido una época donde la culpable de una violación siempre parecía ser la mujer, ella asumiera que no tenía ninguna culpa. Me pareció un aspecto espectacular de su carácter.

R.

P. ¿Por qué decide usted escribir este libro y contar su historia precisamente ahora?

R. Me costó mucho empezar. Lo hice porque estoy convencido de que, si nos lo contó, era porque quería que se conociera. Siempre me pregunté por qué se lo reveló a mi madre en los años 60 y no siendo más joven. Llegué a una conclusión: con un sentido común tremendo, mi abuela esperó a que mi madre estuviera felizmente casada y con tres hijos criados. Contarle esa realidad antes le habría destrozado la vida; no se habría casado ni tenido hijos. Esperó para que el impacto fuera el menor posible.

P. Si nos fijamos en su madre, su historia ha pasado casi siempre a la sombra de su padre. Sin embargo, revela que fue una pieza clave en el partido. ¿Cuál era exactamente esa labor invisible que llevaba a cabo?

R. Su labor invisible consistía en recibir los informes de los cuadros del partido que operaban clandestinamente en España y de los guías que cruzaban la frontera continuamente. Ella hacía fotografías de esos informes, creaba microfichas y sacaba dos copias para que todo ese material no se perdiera y quedara en el archivo del partido: una copia iba a París y otra a Praga. Además, como los informes venían cifrados para evitar ser interceptados, ella era quien los descifraba. Por sus manos pasaba todo. Conocía absolutamente toda la situación organizativa del partido en España.

P. En su infancia en Francia, vivían con otro nombre y su padre fingía ser un contable. ¿En qué momento fue consciente de que su vida cotidiana era en realidad una arquitectura de seguridad y de quién era su padre?

R. En mi caso fue a punto de cumplir los diez años, en el verano de 1963, justo después del asesinato de Julián Grimau. Mi padre decidió que tanto la viuda de Grimau como sus dos hijas se vinieran ese verano con nosotros para que no pasaran aquellas vacaciones solas. Fuimos a Leningrado, a una granja agrícola. Allí hubo un acto político y, de pronto, el intérprete anunció que iba a tomar la palabra Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España. Mi padre se levantó y se dirigió al micrófono. Yo me giré hacia mi madre y le pregunté sorprendido: “¿Es él?”. Ese fue el momento en que se nos explicaron muchas cosas. De repente, entendimos por qué hablábamos español además de francés y por qué teníamos ese secretismo tan integrado que nos impedía decirle a nuestros amigos que conocíamos otro idioma. La clandestinidad era una situación normal para nosotros.

P. ¿Llegó el miedo a sus vidas al entender la magnitud de la figura de su padre?

R. No, nunca sentimos miedo. Sabíamos que la muerte no estaba lejos, porque acababan de matar a una persona que para nosotros era como de la familia, Julián Grimau. Que fusilen a tu tío es traumático, pero el miedo no estaba presente. Simplemente sabíamos que la situación era seria y podía tener consecuencias vitales, incluso para nosotros. Hubo un periodo en los años 70 en que la policía francesa nos avisó de que un grupo español preparaba un atentado contra Santiago en París. Podía ser en nuestra casa o en sus desplazamientos, y muchas veces éramos nosotros quienes lo llevábamos en coche. Nos podía tocar, lo asumíamos, pero no había miedo.

P. ¿Ni siquiera el día del 23F ?

R. Ese día ni nos sorprendió. Santiago ya llevaba varias semanas advirtiendo en el Comité Central de que oía “ruidos de sables”. Así que el 23F fue la confirmación de que tenía razón. Al oír los tiros en el Congreso por la radio, mi madre y yo decidimos ir directos al Comité Central en lugar de escondernos. Cuando vimos que allí ya no éramos útiles, nos fuimos al Congreso a pedir hablar con Santiago. Evidentemente no nos dejaron pasar, pero fue nuestro gesto de no tener miedo. Terminamos esperando en el Hotel Palace con los periodistas hasta que, por fin, salieron los diputados.

P. ¿Cómo cree que ha tratado la historia a la figura de su padre hasta el día de hoy?

R. En lo político creo que se han ido corrigiendo cosas; libros como “Anatomía de un instante” perfilaron a un personaje valiente y firme en sus ideas. Sin embargo, en lo humano se sigue proyectando una imagen de hombre autoritario que él nunca fue. No era autoritario, era profundamente convincente. Algunos hablaban con desprecio de él como “dirigente obrero”, ignorando que su biblioteca tenía 10.000 volúmenes y que se los había estudiado todos. Esa faceta de intelectual riguroso y autodidacta todavía no se le ha reconocido como merece.

P. ¿Qué pensaría Santiago Carrillo de la política actual?

R. Diría que esta polarización ya existía. España no terminó de asentar la Transición ni ha incorporado de verdad la historia del franquismo a la educación, y ese desconocimiento permite que hoy se asuman auténticas tonterías. A esto se suma el liberalismo salvaje, que destruye la protección social, con dramas brutales como el de la vivienda.

P. La semana que viene el Gobierno desclasificará los archivos del 23F. ¿Cree que vamos a tener alguna gran sorpresa?

R. Todo el mundo piensa en qué pintaba el rey. Mi opinión es que, teniendo a Sabino Fernández Campo a su lado, no habrá mucha sorpresa por ese flanco. Sabino era un hombre con un enorme sentido común que habría frenado cualquier implicación directa del rey. Donde sí estoy seguro de que habrá información relevante es en la trama civil, los cuerpos policiales y los servicios de inteligencia. Estoy convencido de que hubo gente en esas esferas que sabía perfectamente lo que se estaba preparando. Es muy probable que el golpe de Tejero fuera simplemente utilizado como cortina de humo por aquellos que orquestaban el verdadero golpe: el gobierno de concentración de Armada.

R.

P. ¿Por qué cree que se han tardado casi 50 años en desclasificar los documentos del 23F?

R. Porque es ahora cuando ha empezado a haber presión real; antes nadie tenía interés en remover. Hoy influye mucho el crecimiento de la extrema derecha. No olvidemos que están atacando al rey, y si atacas la monarquía, estás defendiendo una república. Creo que algunos piensan en un modelo de república autoritaria, y el punto de enlace entre PP y Vox para ese proyecto no son Feijóo ni Abascal, sino Ayuso.

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