Castaña y patata, los cultivos ourensanos del otoño

PORTADA DE LA REVISTA

La agricultura ourensana se enfrenta al reto climático, la profesionalización de las explotaciones y la falta de relevo generacional

La mecanización es clave para abaratar costes de producción y en A Limia es posible gracias a la dimensión adecuada de los cultivos. Momento de la recolección de patatas de la variedad agria.
La mecanización es clave para abaratar costes de producción y en A Limia es posible gracias a la dimensión adecuada de los cultivos. Momento de la recolección de patatas de la variedad agria. | La Región

Castaña y patata son las dos grandes protagonistas del otoño. Antes compartían el estrellato con la uva, pero el cambio climático ha desplazado la vendimia a la estación anterior, el verano. Las consecuencias de la modificación de los patrones climáticos es un fenómeno global de la que Galicia no sale indemne y el campo está sufriendo las consecuencias: veranos más largos, inviernos menos fríos y una concentración extrema de lluvias que va seguida de prolongadas sequías pasan factura a cultivos como la castaña y la patata, dos de los productos en los que la provincia de Ourense es primera potencia.

¿Cómo se presenta el otoño de 2026 para estos dos cultivos? La respuesta no es igual para la castaña que para la patata. La sequía, los calores extremos incluso en el primer mes del otoño están pasando factura a los soutos de castaños. Jesús Quintá, presidente del consejo regulador de la IGP Castaña de Galicia no se muestra optimista. El sector lleva años encadenando una sucesión de malas cosechas que comenzó en 2021 y que ha ido de mal en peor. La sequía y el calor intempestivo han menguado el rendimiento y ha causado efectos indeseados como la presencia de bicho y hongos. “Este año las primeras castañas se han adelantado y la mezcla de lluvias y calor del otoño causó mucho daño en la castaña que ya estaba en el suelo”, explica, Jesús Quintá. “Lo que hemos visto hasta ahora no nos da muchas esperanzas para esta cosecha. Solo nos queda confiar en que llueva un poco y se mejore un poco el pronóstico para las variedades tardías”.

La mayoría de la castaña que se consume en Galicia es en fresco.
La mayoría de la castaña que se consume en Galicia es en fresco.

La IGP Castaña de Galicia representa todavía un porcentaje muy pequeño de la superficie cultivada en nuestra comunidad. Son cerca de 1.300 hectáreas, frente a las casi cincuenta mil que maneja la Xunta, o las 60.000 de las que hablan otras fuentes. Pero Quintá cree que esas cifras están solo sobre papel. La realidad sobre el terreno es muy distinta. “Hay un hecho que resulta dramáticamente incontrovertible: el abandono del cultivo por falta de relevo generacional. Cada vez es mayor el número de soutos abandonados porque sus propietarios han fallecido o ya son tan mayores que no pueden atenderlos y su trabajo no se ve reemplazado por los jóvenes”.

Hace años que conozco a Jesús Quintá y siempre le escuché defender la castaña como uno de los cultivos más rentables que existe. Le pregunto de nuevo si sigue pensando en lo mismo a la vista de tan malas cosechas sucesivas y los problemas que están todavía por venir con el cambio climático. Para el presidente de la IGP de la castaña gallega no hay la más mínima duda: “Sigue siendo un cultivo que podría fijar población en el rural con una calidad de vida extraordinaria. Pero es necesario pensar en la profesionalización. Eso supone hablar de plantaciones de entre 6, 10 o 15 hectáreas, hechas con criterio profesional, es decir, en las que puedan trabajar las máquinas y con un número muy reducido de variedades dos o tres, buscando siempre aquellas que tienen más valor por sus cualidades. Y siendo conscientes de que hay que empezar a pensar en sistemas de riego con los que afrontar las prolongadas sequías”.

Entre 6.000 y 10.000 euros por hectárea estima el rendimiento del cultivo de castañas Jesús Quintá. Reconoce que el gran hándicap son los primeros años tras la plantación y propone que se habiliten fórmulas desde la administración para afrontar esa carencia de ingresos.

La patata

Mejor panorama se presenta para la patata este otoño de 2026, sobre todo en A Limia, que logrará una cosecha un treinta por ciento mejor que la de 2025. La perspectiva es doblemente positiva, según Servando Álvarez, director del Centro de Desenvolvemento Agrogandeiro del Inorde. “Si tenemos en cuenta que una cosecha media en A Limia es de 120 millones de kilos y que el año pasado fueron 80 millones escasos, las estimaciones nos elevarán a unos 110 millones de kilos la producción de 2026. No es para echar cohetes, porque se queda por debajo de esa media histórica, pero está bastante bien si se tienen en cuenta los precedentes. Y sobre todo, si tenemos en cuenta la situación derivada de esas olas de calor que causaron que las producciones fuesen bajas en todo el sur de la península e incluso irrisorias en buena parte de Europa, en las zonas productoras de Francia, Alemania, Países Bajos, zonas en las que no hay regadío porque son tradicionalmente muy lluviosas y este año se enfrentaron a fuertes calores y sequía. En consecuencia, la producción en Europa ha bajado muchísimo y hay incluso un cierto desabastecimiento en algunos mercados”.

Recolección de patata en A Limia.
Recolección de patata en A Limia. | La Región

Ese aspecto negativo va a dar lugar a un segundo aspecto positivo para los agricultores de A Limia. “Porque esa merma de producción generalizada va a dar lugar a un precio que, sin ser excepcional, sí será decente para nuestros agricultores”, señala Álvarez. “Se mueve en torno a los 30 céntimos, con pequeñas fluctuaciones que pueden elevar hasta los 35 o bajar un poco, como está ocurriendo esta semana en la que está A Limia en plena efervescencia. En cualquier caso, en ese rango de precios, se cubren los gastos de producción y todavía pueden ganar algo”. Los costes de producir patata en A Limia está, según el director del Centro de Desenvolvemento Agrogandeiro de la Diputación de Ourense en torno a los 25 céntimos por kilo. El precio que se estima para esta campaña “no hará ricos a los agricultores, pero por lo menos algo sacan”. En algunos casos, cuando el propio agricultor envasa las patatas, obtiene un precio más alto, en torno a los 40 céntimos y esa cifra se eleva si comercializa directamente, una situación que se ve cada vez más en la comarca.

A Limia dedica a la patata alrededor de tres mil quinientas hectáreas, lo que representa en torno al 90 por ciento del cultivo profesional de este tubérculo, seguida de Coristanco, con doscientas hectáreas. Contrastan estas cifras con las que figuran en los censos oficiales, en los que se señala que Galicia dedica a la patata en torno a las 15.000 hectáreas, una cifra que se basa fundamentalmente en datos de hace treinta años. Es la misma situación que también se produce con la castaña. En ambos cultivos no se han depurado los censos, restando aquellas fincas que ya no se trabajan como consecuencia del envejecimiento de la población o que se hayan abandonado por otras causas.

Respuesta de tres variedades de patata al frito y la cocción.
Respuesta de tres variedades de patata al frito y la cocción. | La Región

Incertidumbre

El cambio climático sigue siendo la principal causa de la incertidumbre en A Limia. “Si las cosas quedasen como están ahora, se podrían tomar decisiones. El problema es que no sabemos hasta qué punto nos llevará el cambio climático”, alerta Servando Álvarez. “Si los inviernos no puedes cultivar porque llueve y los veranos no puedas echar cereal porque hace calor, el único cultivo que puede seguir siendo rentable es la patata, que es un cultivo de tres meses, que reacciona muy bien al riego. El resto, huerta, cereal de invierno, colza y demás, prácticamente no puedes hacer nada, porque con estos veranos tan largos y secos, no hay agua suficiente para regar plantaciones de cereal. Se asocia Galicia a lluvia y a abundancia de agua, pero la realidad dista mucho de esa imagen. Es algo que estamos viendo de manera más clara cada año”.

La patata es la que mejor se puede aclimatar a ese nuevo paradigma climático, “porque ya se empiezan a ver variedades de patata más resistentes a las altas temperaturas y lo que habrá que hacer es sustituir el sistema de riego actual y recurrir al riego por goteo que ahorra mucha cantidad de agua”.

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