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Inmersos como estamos en la canícula del verano, enfrentarse al armario puede constituir una auténtica odisea. Los cuerpos hinchan por el efecto de las altas temperaturas sobre el riego sanguíneo, el sol se convierte en un enemigo al que evitar a toda costa en las horas centrales del día y el sudor nos empapa por más que lo intentemos; así que vestirse con según qué marcadores en el termómetro es casi misión imposible.
Sin embargo, hay una serie de aliados diseñados para ayudarnos a sobrellevarlo con el máximo estilo posible. Tanto para ir a trabajar, como para disfrutar de las vacaciones o acudir a eventos más formales, el calor no tiene por qué ir en contra de la moda, tan sólo hace falta tener en cuenta qué tipo de prendas son las mejores aliadas contra los sofocos.
En este punto es necesario fijarse en cómo las culturas mediterráneas han sobrevivido al calor durante milenios empleando para sus vestimentas tejidos naturales con base vegetal. Materiales como el lino, el algodón, la seda o el cáñamo son las opciones más adecuadas para paliar el calor extremo. Entre las propiedades que se le piden a los tejidos del verano deben figurar ventilación, suavidad, resistencia o facilidad para lavar.
Además, cualquiera de estos materiales son muy versátiles y fluidos, capaces de adaptarse a todo tipo de prendas, complementos, estilos y posibilidades creativas, por lo que son numerosas las prendas disponibles en todo tipo de catálogos elaboradas a partir de ellos. Lo fundamental es huir siempre de los productos sintéticos, que no ayudan a transpirar. No obstante, otros como los vaqueros -a pesar de ser de algodón- aumentarán la sensación de calor.
Las prendas para las olas de calor, siempre grandes. Las siluetas del verano que más ayudan contra las temperaturas extremas son holgadas y vaporosas. El secreto de esta fórmula es que, al no estar en contacto directo con la piel, permiten una mejor circulación del aire para transpirar mejor y mantenerse lo más frescos posible.
La ley de los colores avalada por la ciencia parece desafiar a la lógica. Si bien asociamos los colores claros al verano, el profesor universitario Arturo Quirantes, asegura en su blog “El profe de Física” que “nosotros emitimos energía térmica y, si llevamos ropa blanca, el calor que emitimos rebota contra la tela y no puede salir; en cambio, si la tela es negra, lo absorbe. Y si corre brisa, ésta se lleva el calor por convección, que es un mecanismo eficiente para mantenernos frescos”.
Un vistazo a cómo los habitantes de lugares extremos como el Sahara se protegen del calor es suficiente para comprender que, contra lo que nuestra lógica en ocasiones nos dicta, cuanto más extensión de piel tapemos, más frescos iremos. Esto es así porque de esta forma se evita que los rayos del sol incidan directamente sobre ella, minimizando su posible impacto dañino. Manga larga y pantalón largo, por contradictorio que parezca, puede conservar mejor nuestra temperatura corporal. Eso sí, siempre siguiendo los consejos anteriores.
La regla es la misma que en el resto del cuerpo: transpirar. Por eso, materiales como el cuero o el plástico no son los más recomendables y tampoco, aunque una vez más la lógica nos diga lo contrario, lo son las sandalias. Lo ideal contra el calor extremo es apostar por calzado cerrado confeccionado en los tejidos estrella de esta época. También hay que fijarse en la suela, teniendo en cuenta que cuanto más fina sea, más cerca estarán los pies del calor del asfalto y, por ende, más sufrirán nuestros pies.
Siempre tapada para evitar insolaciones y con los mismos parámetros. La transpiración es fundamental y, cuanto mayor sea el sombrero, más ayudará a proteger también otras zonas como la cara y el cuello.
Por último, es aconsejable dejar a un lado los productos de belleza, grandes enemigos del sudor. El protector solar es el imprescindible y más necesario.
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