Miguel Muñiz, el artista que fotografía el viento

LA REVISTA

La serie fotográfica de Miguel Muñiz sobre el impacto del viento del nordés en el paisaje y las personas, llamada “Aventados", fue galardonada con el premio Luis Ksado de creación fotográfica en 2026

La cámara acompaña a Miguel Muñiz en cada momento y en cada viaje.
La cámara acompaña a Miguel Muñiz en cada momento y en cada viaje. | Miguel Muñiz

Miguel Gómez Muñiz (Ourense, 1966) lleva ya cuarenta años dedicado a la fotografía. El fotoperiodismo que ejerce en Galicia lo compagina con una visión más creativa de la fotografía en la que indaga en aspectos como la etnografía y, sobre todo, en buscar la máxima expresividad tanto artística como narrativa de un soporte que tradicionalmente se concibe como la manera de captar un instante. Miguel Muñiz traspasa ese momento y lo desarrolla en proyectos como “Aventados”, con el que ganó el premio Luis Ksado de creación fotográfica en 2026 y que en la actualidad se expone en el Museo do Pobo Galego.

Pregunta. ¿Qué te atrajo de la fotografía?

Respuesta. Mis padres tenían una agencia de publicidad en Ourense, que era Planos y tenían un pequeño laboratorio en la agencia. Ahí fue donde tuve el primer contacto con el mundo del revelado, a través de mi padre. Ver cómo en un papel blanco metido en una cubeta con líquido aparecía una imagen era algo increíble. Y tuve la suerte de contar con un profesor en la Escuela de Artes Aplicadas que se llamaba Ramón Raíces que me metió en el mundo de la fotografía y ahí ya entré a por todas. Soy un fotógrafo vocacional, la cámara la llevo conmigo siempre.

P. ¿Cómo fueron tus comienzos?

R. Yo creo que fue hace cuarenta años, a mediados de los ochenta. Cogía el coche con un par de amigos, me iba a la Ribeira Sacra a fotografiar el paisaje, vegetación… el primer proyecto que tuve que fue en esa época y en él fotografiaba oficios y tradiciones en vías de extinción o que yo pensaba que estaban en vías de extinción, porque algunas no han desaparecido.

P. Entonces era una Ribeira Sacra sin denominación de origen tanto turismo. ¿Cómo la veías?

R. Era una Ribeira Sacra con muy pocos visitantes, mucho más virgen, las vendimias se hacían todavía de manera más manual que ahora, porque no había esas escaleras que mueven las cajas con motores y generador.

P. ¿Y después?

R. Me fui a estudiar fotografía a Santiago y ahí fue cuando empecé a trabajar como fotoperiodista a partir de 1994. Además del trabajo en sí, eso me permitió conocer distintos territorios y realidades por toda Galicia. Por ejemplo, recuerdo el caso del Prestige, que cubrí en su momento y no se quedó ahí, porque luego me llevó a hacer un proyecto, fotografiando veinte años después a las personas que había fotografiado en 2002, con el que gané el premio Galicia en Foco en 2023 en Ferrol.

P. Aparte del fotoperiodismo, ¿cómo desarrollas tu actividad más creativa?

R. Digamos que pongo en marcha proyectos. No son fotografías de un hecho concreto, sino que desarrollo esa parte creativa a través de proyectos más personales que se prolongan en el tiempo. Por ejemplo, Los cuidados, que es uno de ellos, aborda la transformación positiva de una mujer mayor con dependencia por el cuidado de una familia boliviana que vive con ella, mi madre, concretamente. Tengo otro sobre la memoria de las antiguas escuelas rurales gallegas que documento en la memoria visual y oral a través de los retratos de las personas que las habitaron, como maestros o como alumnos. Y en el tercer proyecto fotografío la transformación del territorio y sus habitantes debido a la exposición continua a un viento fuerte y constante y el proyecto se llama como ese viento, Nordés y la serie que ganó el premio se llama Aventados.

Miguel Muñiz, el artista que fotografía el viento.
Miguel Muñiz, el artista que fotografía el viento.

P. Me decías que son proyectos que se prolongan en el tiempo. ¿Sigues todavía con ellos?

R. El de Los cuidados ya lo terminé, pero los otros dos siguen todavía. Llevo con ellos cinco años.

P. En el caso de Nordés y Aventados, ¿cómo es el proyecto?

R. Al igual que el de las escuelas rurales son proyectos que evolucionan solos. En el caso de Nordés empecé fijándome en cómo el viento transformaba el territorio a través de una imagen que vi de unos arbustos golpeados con mucha violencia por el viento. A partir de ahí empecé a fijarme en el resto de la vegetación, en cómo se adaptaban los árboles, sobre todo si crecían juntos adaptaban una forma que les permitía afrontar el viento y poco a poco me fui fijando en la gente que vivía en ese territorio y me di cuenta de que pasaba lo mismo. Es decir, las personas que viven en comunidad lo afrontan mucho mejor que las que viven en solitario.

P. Con Aventados ganaste el premio Luis Ksado. ¿Cómo es?

R. Son doce fotografías que combinan retratos de personas que viven en ese territorio y del territorio en sí: paisaje, vegetación… todas tienen en común que reflejan un territorio expuesto de manera constante a ese viento. En los paisajes busco siempre fotografías en los días de temporal y los retratos los hago con una luz más mortecina que refleje ese tipo de clima que es muy habitual en Galicia.

P. ¿Hay algún trabajo que te haya llamado la atención?

R. Hubo uno, concretamente, que me encargó una cofradía de percebeiras de Baiona, a propósito del lanzamiento de un paté de percebe que iban a sacar al mercado. Fui las fotografié en su medio, en pleno marisqueo por las rocas y unos días después hicieron una rueda de prensa y acudieron también. Entonces decidí hacerles retratos individuales sobre un fondo plano y me di cuenta cómo les cambiaba el rostro. Estaban todas muy bien arregladas. Y luego volví a hacerles la misma foto, pero faenando en plenas mareas vivas para ver la diferencia entre cuando estaban en el trabajo y en la presentación. En el trabajo se las veía fuertes, orgullosas, empoderadas, en cambio en la presentación, aunque estaban muy guapas, parecían más vulnerables. Me pareció muy interesante y lo presenté al premio Luis Ksado comn el título de Segunda pel y fue un proyecto que quedó finalista.

P. Recuerdo que también hiciste trabajos muy interesantes durante la covid.

R. Durante la covid no había previsiones. Salías a buscar. Y fue cuando decidí abordar dos temas que permitían ver esa situación tan excepcional. El primero fue un circo en Lalín, y les hice un seguimiento durante el confinamiento. Cómo lo vivían, sin poder moverse, empezó a faltarles dinero, después los alimentos. Y también con los camioneros. Y los retraté con todas esas limitaciones que sufrieron, sin poder comer en un restaurante, ni dormir en un hostal o incluso sin poder ir al baño en una gasolinera. Y a partir de ahí fue cuando empecé a trabajar esos proyectos de más tiempo de duración, con un carácter más documental.

P. ¿Cambia el concepto entre el formato del fotoperiodismo y los proyectos?

En el fotoperiodismo una foto tiene que contarlo todo. En el fotodocumentalismo muchas fotos cuentan una historia. Cada vez me gusta más el fotodocumentalismo. Tienes más tiempo para hacerlo, el fotoperiodismo es más inmediato.

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