LA REVISTA
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Y COMERC
Tras acompañar a unos naseiros de Arcade en su pesquería de la anguila por aguas de la ensenada de San Simón, allí donde el agua en la bajamar deja ver una hermosa pradera de algas, les pregunté dónde era posible comer unas buenas anguilas guisadas. “Aquí, en el mismo muelle”, me dijeron al unísono. Y allí fui. El restaurante ocupa el bajo de una casa al lado del muelle, así que el nombre no puede ser más apropiado. Tiene una pequeña terracita a la entrada y otra ajardinada en el interior, así como dos comedores. Son espacios cómodos, agradables, al igual que lo es el personal que allí trabaja. No esperaba menos. Esto es Soutomaior, tierra de los mejores hosteleros de España y hace un siglo, en los locos años veinte, estaban esparcidos por los grandes hoteles y balnearios de toda España. Su carta está bien surtida de pescados y mariscos, de arroces, de guisos marineros, de chocos con fideos, de empanadas. También hay carnes. Pero a mi me interesaba su guiso de anguilas, con anguilas, no de las finas, sino de las que tienen ya cierta edad y son más gruesas, que dan más substancia. Las anguilas son su especialidad: fritas, guisadas, en empanada. Anguilas y ostras.
La cocina está a la altura de unas instalaciones tan acogedoras y practican un recetario muy tradicional, muy gallego. El guiso de anguilas estaba sabroso. El pescado, tierno, las patatas en su punto y la salsa era como un compendio del sabor más marinero. En fin, que la recomendación no me defraudó. Todo lo contrario. Buena cocina, buen servicio, una relación entre calidad y precio muy acertada, y una carta de vinos que sin ser muy extensa tiene buen surtido de vinos gallegos y no faltan los albariños de Soutomaior.
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