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Los turistas que hacen un recorrido guiado por Vigo pasan delante de su fachada, ilustrada con la caricatura que Fernando Quesada había hecho de Eligio en la década de 1960, con su característica nariz aguileña de judío de Ribadavia que tenía un vino corriente para el público en general y uno de su propia cosecha de tierras del Ribeiro, para los “especiales”. Entre ellos estaban Cunqueiro, Castroviejo, Laxeiro, Lodeiro… El mito de la taberna de Eligio se fue forjando con décadas en las que se convirtió en el punto de encuentro de artistas, intelectuales y obreros.
Si vamos al Eligio de ahora, regentado por Leopoldo Celard encontraremos prácticamente los mismos sabores del pasado: las luras, los chocos, el pulpo, los berberechos (Eligio les llamaba croques, como buen vigués de adopción que era)… una cocina fundamentalmente marinera y sencilla de gran calidad que sigue el ritmo del calendario. Para tapear, comer, merendar o cenar, de martes a sábado. Pero eso sí, los clientes de ahora van a disfrutar de mejor vino. El de la casa se lo hace Pepe Estévez, uno de los grandes colleiteiros del Ribeiro, lo que ya da en sí una idea de cómo es la bodega de este histórico lugar. Histórico, artístico y literario, de un Vigo que marcaba la marcha a toda Galicia en la industria y las artes y que Eligio supo aglutinar en una pequeña pero gloriosa taberna. Y ahora, sigue siendo igual de gloriosa.
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