Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Pagad y callad
El campeonato mundial de selecciones de fútbol que se está disputando en Canadá, EEUU y México me trae a la memoria un recuerdo increíble de mis vivencias en el que organizó España en 1982. Yo tenía 14 años, la edad en la que seguramente un apasionado del fútbol engancha definitivamente con el deporte rey. Eran veinticuatro selecciones y una constelación de estrellas a años luz de las que hoy se consideran primeros espadas del balompié. Varios nombres galácticos en cada país, desde Argentina con Maradona hasta Francia con Michel Platini, pasando por la Polonia de Boniek, la entonces República Federal Alemana con Karl-Heinz Rummenigge, la Italia de Paolo Rossi, la Brasil de Zico y Sócrates (el equipo que mejor fútbol he visto jugar)… hasta El Salvador contaba con Mágico González, un supercrack de este deporte. Sólo repasando el elenco de guardametas nos damos cuenta del nivel del Mundial celebrado en suelo español: Schumacher, Arconada, Pfaff, Koncilia, Dino Zoff, Tomazewsky, Shilton…
Vigo y Coruña albergaron el grupo 1 en la primera fase donde, finalmente, tanto Italia como Polonia ganaron más tarde los partidos más importantes: la Final y la lucha por el tercer puesto. La Italia de Enzo Bearzot, la del éxtasis del presidente Sandro Pertini en el Bernabeu, no ganó ningún partido en Galicia. Para el recuerdo, la camiseta que “Il Bello Antognoni”, la estrella de la Fiorentina, le regaló a un ourensano tras un control antidoping. La selección peruana de Teófilo Cubillas y la debutante Camerún de Tommy N’Kono, portero del RCD Español, completaron el cartel en Galicia.
Mi padre me dio la sorpresa de mi vida cuando nos desplazamos en el Seat 132 hasta Madrid, sin autopista claro, para ver los dos partidos de la segunda fase que la selección española disputó en el Bernabeu. Un recuerdo imborrable que siempre llevaré conmigo. Un sueño ver el primer partido contra la Alemania de Stielike y Littbarski –una foto suya la llevaba en el exterior de mi carpeta del colegio- donde perdimos 3-1 a pesar del gol 500 de la historia de la selección, obra de Jesús Mari Zamora, el cerebro de la Real Sociedad que imperaba en España en aquel momento. Vi a mi ídolo Juanito –a quien había visto debutar años antes con la camiseta blanca en el coliseo blanco en el partido homenaje a Manolo Velázquez-, también a Kevin Keegan, Trevor Francis o Paul Mariner, en el segundo partido que empatamos contra los inventores del fútbol, la selección inglesa.
Han pasado cuarenta y cuatro años y el negocio se ha impuesto sobre la autenticidad sin género de dudas
Orgullo ourensano saber que en la selección estaba Miguel Ángel González, aunque no jugó después de haber sido uno de los mejores “goalkeepers” de la Copa del Mundo de Argentina 78, y que la dirigía José Emilio Santamaría, el uruguayo campeón de todo con el Real Madrid de Di Stefano, cuyos padres eran de San Amaro y A Ponte, del ayuntamiento de A Arnoia. Los nombres de la “terra da Chispa” también se hicieron notar en los servicios médicos oficiales y en el equipo de prensa del campeonato.
No olvido, tras la eliminación, las declaraciones rompedoras de Juan Gómez a la periodista Mari Carmen Izquierdo, reclamando una mejor gestión deportiva en España, específicamente en la Federación que presidía Pablo Porta. De todas formas, nuestra capacidad organizativa en ese año, tras la transición a la democracia con golpe de Estado incluida, seguro que avaló la designación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos diez años más tarde. Mi generación, en aquel momento, tenía referentes como Pepe Higueras en tenis o Emilio de Villota en automovilismo… habían sido grandes nombres los Paquito Fernández Ochoa, Mariano Haro o Jordi Llopart… más recientemente el universal Severiano Ballesteros… pero era muy difícil presagiar que en el futuro contaríamos con hazañas como la de Miguel Indurain y sus cinco tours de Francia, la leyenda de Rafa Nadal, un español como Fernando Alonso siendo campeón del mundo de Fórmula Uno o que Pau Gasol ganara anillos de la NBA con los Lakers. Guindas entre las que también incluyo lo que consiguieron Iniesta, Casillas y compañía en Sudáfrica en 2010, amén de las dos Eurocopas. Un recuerdo para Vicente del Bosque (primer marqués de Del Bosque) , que cuenta con calle propia en Maceda.
Han pasado cuarenta y cuatro años y el negocio se ha impuesto sobre la autenticidad sin género de dudas. Cuarenta y ocho equipos… qué salvaje parece ahora que la Copa de Europa la disputara sólo el campeón de liga de cada país… ojalá distingamos, sobre todo los niños que ven con sus padres su primer mundial, lo importante de lo accesorio, el espíritu deportivo y el sacrificio de las apuestas… señoras y señores (esto sólo pasa cada cuatro años) ¡buen Mundial!
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