Carmen Rey, una vida en la emigración: “el tren ahora va muy rápido y no puedes dejarlo pasar”

FÁLAME DA EMIGRACIÓN

La historia de esta gallega, que emigró en 1962 y hoy sigue activa a los 86 años, forma parte del proyecto intergeneracional de Afundación “Fálame da emigración”

Carmen Rey durante los encuentros de Fálame da Emigración
Carmen Rey durante los encuentros de Fálame da Emigración | Afundación

Carmen Rey Sánchez nació en 1940 en la parroquia de Santa María de Trasmonte (Ames), en el seno de una familia de ocho hermanos marcada por la posguerra, el trabajo en el campo y la necesidad de salir adelante. Su padre compaginaba las labores agrícolas con la música en la iglesia, mientras su madre sostenía el hogar y las tareas de la tierra.

Desde muy joven sintió una vocación religiosa que marcó su trayectoria vital y la llevó a iniciar un recorrido que la alejaría de Galicia. Tras pasar por Pamplona y Ciempozuelos, en 1962 emigró a Argentina, donde desarrolló buena parte de su vida y su labor educativa y social.

Su primer destino fue Rosario, donde trabajó durante una década en un colegio de internas con alrededor de 90 alumnas de entre 14 y 18 años. Allí, la formación académica se combinaba con talleres de confección de productos textiles que después se comercializaban. Más tarde se trasladó a Santa Rosa (La Pampa), donde asumió la dirección de un centro educativo para niñas de familias con menos recursos.

En 1975 llegó a Buenos Aires, etapa en la que trabajó con alumnado de distintos entornos sociales, muchos de ellos hijos de emigrantes gallegos y españoles. Con el paso del tiempo, su labor se centró en barrios vulnerables como las Villas de San Petersburgo o Ramos Mejía, donde desarrolló tareas de apoyo escolar, catequesis y prevención de adicciones, además de formar a padres y madres.

En 1990 regresó a España, continuando su vocación en distintos destinos: Murcia, Valencia, Almería y finalmente Santiago de Compostela, donde reside desde hace casi seis años en la comunidad de las Oblatas. A sus 86 años, sigue plenamente activa colaborando en tareas de secretaría, portería y acompañamiento a personas mayores, además de su implicación en entidades sociales como Cáritas, el albergue de San Juan XXIII o la Asociación Vagalume.

Socia del Espazo +60 de Afundación en Santiago, participa con frecuencia en actividades como las clases de taichi o los cursos de cultura digital. “El tren ahora va muy rápido y no puedes dejarlo pasar, hay que subir como sea”, resume con humor su forma de entender la vida y el aprendizaje continuo.

Su testimonio forma parte del programa intergeneracional de Afundación “Fálame da emigración”, en el que personas mayores comparten sus experiencias con alumnado de secundaria. En estos encuentros, como el celebrado en Trazo, historias como la de Carmen Rey ayudan a preservar la memoria de la emigración gallega y a acercar generaciones a través del diálogo, la escucha y la experiencia compartida.

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