Discordias de España e Israel

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 25 abr 2026 - 00:10
Opinión en La Región
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A España le pesa más su larga historia que su actual estatus mesocrático. Por eso guarda en el subconsciente colectivo algunos odios que, en tiempos menos correctos, denominaríamos del tipo africano. Ocurre con los Estados Unidos de Norteamérica, nación emergente a finales del siglo XIX, que daría humillante final a la presencia española en Cuba y Filipinas. Es también el caso de Israel, como Estado desde su fundación en 1948, pero mucho antes, desde la más oscura Edad Media, un problema de convivencia en las ciudades, pueblos y aldeas del país. La relación de los cristianos con los judíos, en España y en Europa, ha llenado una profusa historia de discriminaciones, expulsiones y hasta planificados intentos de aniquilación. Si desde España el conflicto secular se interpreta como una mera cuestión de diferencia religiosa, para Ben Sión Netanyahu, eminente historiador de la Inquisición y padre e inspirador ideológico del actual jefe de Gobierno israelí, se trató de un persistente ejemplo de racismo.

La historia nos recuerda que España solo reconocería al Estado de Israel en el tardío 1986, postergación apenas compensada con el reciente otorgamiento de la nacionalidad española a 72.000 sefardíes. El dictador Francisco Franco, nostálgico quizá de su africanismo original, se mantuvo fiel a las tradicionales relaciones de amistad con los pueblos árabes. Antes y durante los siglos de Inquisición, practicamos con más asiduidad la animadversión al judío que al morisco. Al hebreo, en España, se le ha odiado porque se le ha temido y hasta envidiado por las especiales relaciones de algunos de sus miembros con el poder, fuera este religioso, político o económico. El árabe, el moro, dedicado a tareas humildes dentro del entramado social se ha beneficiado, hasta hoy mismo, de ser solo despreciado.

Ahora, la pretensión de Pedro Sánchez de suspender el acuerdo de asociación de Israel con la UE, ha encontrado la oposición de la mayoría de la organización comunitaria. Dicha iniciativa, como antes la solicitada exclusión de Eurovisión, no será pasada por alto en Israel, al menos mientras allí gobiernen Netanyahu y sus aliados ultras. Desde al menos 2023, tras el ataque de Hamás a las comunidades judías en la frontera con Gaza, el Gobierno español ha tenido especial interés en subrayar los incumplimientos del derecho internacional por parte del israelí. La brutalidad continuada del ejército y los colonos judíos, exacerbada desde la llegada de Trump a la presidencia en 2025, no ha hecho sino aumentar la animadversión entre ambos gobiernos.

El odio al judío, tan ligado en sus orígenes a los tradicionales oficios de cobradores de tributos o prestamistas desempeñados por estos, tuvo siempre una base popular manejada con oportunismo por los poderes de turno. ¿Tendrá Pedro Sánchez vocación de inquisidor general?

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