Ángel Mario Carreño
REFLEXIONES DE UN NONAGENARIO
El cambio climático
Los que han visto los filmes de “La guerra de las galaxias” recordarán a un personaje siniestro, que consigue llegar ser emperador desde el humilde cargo de senador. Un heterónimo oculta en la clandestinidad al político que modernizó España sin modificar el aparato de Estado del franquismo, incluso los miembros del Tribunal de Orden Público o los policías de la Brigada Político Social continuaron percibiendo sus salarios. Felipe González Márquez (Isidoro), líder del socialismo español, adorado, admirado, celoso, vengativo, convincente y, sobre todo, temido por su rencor a los que ahora considera traidores a su obra.
Tal vez Palpatine ha bebido la pócima química que libera el lado oscuro del espíritu, que llega a usar el odio para justificar su pertenencia al Club del Oro. Su postura es recurrente contra la gestión de Pedro Sánchez, alineándose con argumentos de la derecha en temas fundamentales como la amnistía, los acuerdos con Bildu o la gestión del PSOE como partido.
En la actualidad, su cabellera, de un gris plateado, es el único símbolo de estética sin ética que refleja un rictus del rostro, adoptado como un gesto de empoderamiento. La melena la luce tratando de desviar la atención que producen sus exabruptos en un mundo cada vez más alienado.
Felipe González Márquez no ha sido capaz de ocultar el rencor que siente hacia un dirigente que le ha superado en la defensa de los derechos de los más desfavorecidos. En los últimos siglos ningún dirigente español ha tenido en su haber la defensa de los derechos humanos vulnerados sistemáticamente por el ejército israelí bajo las órdenes del sionista Benjamín Netanyahu, tanto en Gaza como en Líbano, su firme denuncia de la guerra ilegal en todo Oriente Próximo, su negativa al uso de las bases de EEUU en territorio español, su negativa a aumentar los presupuestos de defensa al 5% en detrimento de los servicios básicos, su liderazgo en las propuestas de que la UE tenga un compromiso con la paz.
Pedro Sánchez ha conseguido superar adversidades de considerable incidencia en la vida de los ciudadanos. Su capacidad de trabajo no tiene límites y su proyección en el mundo progresista es muy importante; la ciudad de Barcelona es testigo de su dedicación a la lucha por la igualdad. Mientras las instituciones progresistas trabajaban en pro de la solidaridad, el anciano Isidoro, con el libelo de “Todos los hombres de Sánchez”, hacía de monaguillo de la presidenta de la Comunidad madrileña y de su invitada, la Reina de Oz. Trump se lo prometió.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Ángel Mario Carreño
REFLEXIONES DE UN NONAGENARIO
El cambio climático
Gonzalo Iglesias Sueiro
Palpatine, el Rencoroso
Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Discordias de España e Israel
Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada, Caso Martiño Ramos: falló la Policía, la Escuela y, sobre todo, la Justicia
Lo último