Un legado más allá del tiempo

DÍA DE GALICIA

La relación entre Galicia y América del Sur va más allá de una historia de emigración y retorno desde hace décadas, convirtiéndose en una simbiosis cultural que perdura a día de hoy.

Publicado: 25 jul 2025 - 06:24 Actualizado: 25 jul 2025 - 06:43
Despedida de familiares en el puerto de A Coruña
Despedida de familiares en el puerto de A Coruña | Alberto Martí

El caso de Galicia y su influencia en América Latina es, sin duda, uno de los capítulos más ricos y menos difundidos de la historia de la emigración en el mundo hispano. Lejos de haber quedado anclado en el pasado, su legado se reinventa con cada generación, con cada empanada compartida, con cada gaita que suena en un festival de inmigrantes, con cada nieto que decide aprender el idioma de sus abuelos.

Más allá de las estadísticas, las cifras o los archivos, el verdadero legado gallego en América Latina late en los barrios, en las cocinas, en los salones de baile, en los hospitales mutualistas y en los recuerdos compartidos. En la tenacidad por salir adelante sin olvidar de dónde se viene. En la morriña —esa nostalgia gallega tan difícil de traducir— que cruzó el océano para quedarse. Porque, como decía Castelao, “un pobo que non sabe de onde vén, tampouco sabe onde vai”. Y gracias a la diáspora gallega, muchos pueblos de América Latina aprendieron, y siguen aprendiendo, a recordar de dónde vienen.

Durante más de un siglo, miles de gallegos cruzaron el Atlántico con lo poco que tenían: una maleta de madera, una muda de ropa, quizás una fotografía en sepia de sus padres, y un puñado de palabras en gallego apretadas contra el pecho. Lo que no sabían entonces era que llevaban también una cultura que dejaría huella profunda en los países que los acogieron.

En un mundo donde las migraciones son un fenómeno global y constante, el caso gallego destaca como uno de los más particulares por su intensidad, su duración y, sobre todo, por el arraigo que ha dejado en América Latina. Desde la Patagonia argentina hasta las costas de Veracruz, el legado gallego no solo sobrevive: florece, se transforma y se reinventa generación tras generación.

Los gallegos supieron adaptarse sin perder su esencia. Tenían una ética del trabajo muy fuerte, pero también un apego muy profundo a sus raíces. Eso les permitió construir puentes culturales muy sólidos con las comunidades locales.

Migración

Entre mediados del siglo XIX y la primera mitad del XX, Galicia vivió uno de los mayores éxodos migratorios de la historia de España. La pobreza endémica, las crisis agrarias, las guerras y la falta de oportunidades empujaron a más de un millón de gallegos a buscar una vida mejor en América. Sus principales destinos: Argentina, Cuba, Uruguay, Venezuela, México y, en menor medida, Brasil y Chile.

Según datos del Archivo de la Emigración Galega, entre 1880 y 1930, Galicia aportó más del 50 % de los emigrantes españoles que arribaron a América Latina. Esta diáspora no solo cambió la demografía de Galicia, sino también la de las ciudades receptoras, que vieron surgir barrios enteros donde la gaita convivía con el tango, la empanada con el arequipe, y la morriña con el mate.

La Galicia Emigrante que espera para emigrar, A Coruña 1963
La Galicia Emigrante que espera para emigrar, A Coruña 1963 | Alberto Martí

Pero los gallegos no llegaron solo para sobrevivir. Fundaron panaderías, abrieron pequeños comercios, trabajaron en los puertos, en la construcción y en los ferrocarriles. Y, poco a poco, comenzaron a levantar lo que sería una de sus grandes obras comunitarias: los centros gallegos.

Refugio y faro cultural

En Buenos Aires, la fachada señorial del Centro Gallego aún impone respeto. Inaugurado en 1907, llegó a ser el centro mutualista más importante fuera de España. Su hospital —una joya arquitectónica de la sanidad— atendía a miles de emigrantes sin recursos. Sus salones acogían bailes, reuniones políticas, representaciones teatrales y veladas literarias. Fue, durante décadas, el corazón cultural gallego en el Cono Sur.

Casas similares florecieron en La Habana, Caracas, Montevideo, Ciudad de México y Santiago de Chile. Estas instituciones no solo brindaban apoyo material y sanitario, sino que eran auténticos templos del idioma, la música, la danza y la memoria. En ellas, Galicia no era un recuerdo: era una presencia cotidiana.

En Cuba, el término “gallego” pasó a significar mucho más que la procedencia geográfica. Durante buena parte del siglo XX, fue sinónimo de comerciante de ultramar, de tendero trabajador, a veces también de personaje pintoresco.

En Argentina, considerada la quinta provincia de Galicia, muchos gallegos comenzaron desde abajo, pero con esfuerzo y tenacidad se insertaron plenamente en la vida social y económica del país. Algunos de sus descendientes llegarían incluso a ocupar cargos políticos de primer nivel. El caso más emblemático es el del expresidente Raúl Alfonsín, nieto de emigrantes gallegos de Lugo.

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